El papa Francisco prepara el viaje más delicado de su pontificado, que dentro de dos semanas lo llevará de la plaza de la Revolución de La Habana al Congreso de Estados Unidos y la ONU. Según fuentes del Vaticano, el pontífice argentino aprovechó el receso estival para cincelar sus discursos, y en particular el que ha de pronunciar ante los congresistas norteamericanos, no todos favorables al acercamiento con Cuba, y luego ante la Asamblea General de Naciones Unidas.
La etapa en Cuba, de tres días (19-22 de septiembre), se presenta como la más fácil. En la isla caribeña se espera un recibimiento caluroso, dado que el régimen sólo puede salir beneficiado de esta visita y además está muy agradecido con el papel desempeñado por el santo padre en la reconciliación con Estados Unidos. Después de haber recibido a Juan Pablo II y a Benedicto XVI, los cubanos darán la bienvenida al papa argentino, que les hablará de reconciliación en La Habana, Holguín y Santiago. En Estados Unidos en cambio, la llegada de Francisco suscita reacciones muy diversas, la clase política podría reservarle un recibimiento frío, porque Bergoglio eligió visitar La Habana antes que Washington.