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La ciencia descubrió cómo sienten los perros y los gatos

Gregory Berns, neurocientífico de la Universidad de Emory, en Atlanta, es el líder de The Dog Project, una investigación pionera, ya que fue la primera en aplicar la resonancia magnética a los perros.
17 de mayo de 2015 - 15:45 Por Redacción El Ancasti
La etología (la disciplina que estudia el comportamiento animal) cuenta con menos de un siglo y no fue hasta hace un par de años que los científicos decidieron ir más allá de la observación de la conducta animal.


Diferentes neurobiólogos, en Europa y Estados Unidos, realizaron estudios pioneros con resonancia magnética para saber qué es lo que ocurre en el cerebro de los perros. Los resultados confirman lo que los amantes de las mascotas sabían desde hace tiempo: los animales cuentan con emociones complejas que los hacen casi humanos.


Las mascotas, está claro para cualquiera que haya tenido una, no son una simple máquina viva que responde positiva o negativamente a los estímulos, según si esperan recibir o no una recompensa. Pero para la ciencia, siempre reluctante a admitir emociones como afecto desinteresado o sufrimiento altruista, el hallazgo de evidencias tangibles se ha convertido en un avance radical.


Gregory Berns, neurocientífico de la Universidad de Emory, en Atlanta, es el líder de The Dog Project, una investigación pionera, ya que fue la primera en aplicar la resonancia magnética a los perros.


Específicamente, se utilizó el procedimiento de imagen por resonancia magnética funcional, que mide la actividad cerebral mediante la detección de cambios asociados en el flujo sanguíneo. Berns expuso a diferentes perros a los olores de personas familiares y desconocidas. El olfato, se sabe, es el sentido más desarrollado en los caninos. El resultado mostró que el núcleo caudado se activaba ante los aromas de familiares, pero no ante los de personas no conocidas. El núcleo caudado es el "centro de recompensa” del cerebro canino y se asocia, en los humanos, con la experiencia de la belleza y el amor romántico.


Un equipo de la Universidad de Tokio analizó el modo en que los gatos responden al llamado de su nombre. Solamente al sonido, sin la presencia de la persona. ¿El resultado? Ningún gato se molestó en acudir.


Cada felino fue llamado por voces de diferentes personas, incluido su dueño. Ante la voz familiar, los gatos exhibieron patrones de reconocimiento (mover la cabeza y las orejas, emitir sonido, estirarse), pero renunciaron a desplazarse. Los investigadores apuntan a dos factores que podrían estar detrás de esta conducta: la relativa reciente domesticación del gato ("apenas” 9.500 años) y el hecho de que no fueron domesticados para obedecer a los humanos.


Otro estudio, de la Universidad de Mesina (Italia), confirmó lo anterior, afirmando que los gatos imitan a sus dueños. El experimento consistió en formar dos grupos de gatos: un grupo se mantuvo en el interior de la casa, en contacto cercano con sus dueños. El otro permaneció tanto dentro como fuera de la casa, y los gatos quedaban afuera por la noche. El resultado fue que el primer grupo adaptó su alimentación y sus patrones de sueño a los de sus dueños. Sus niveles de actividad se asemejaron a los de los seres humanos que los rodeaban.
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