Hayley Haynes se convenció de que "ningún hombre" la querría y de que su vida estaba arruinada. Pero no podrían haber estado más equivocados, los médicos y ella.
A los 21 años le hicieron un nuevo estudio y en él descubrieron que en su interior había un pequeñísimo útero, no desarrollado. Entonces volvió la esperanza.
Comenzó un tratamiento con hormonas, para elevar sus niveles de progesterona y ayudar a ese milimétrico útero a desarrollarse. Obtuvo grandes resultados y, cuatro años más tarde, le comunicaron que podría concebir a través de fecundación in vitro.
Aún así, las probabilidades eran bajas. Pero para ese momento ya se había casado con un amigo de la infancia, que estaba dispuesto a todo con tal de tener un hijo con ella.
Viajaron a una clínica en Chipre para hacer el tratamiento a un costo medianamente accesible. Gastaron casi todos sus ahorros.
Pero todo valió la pena. Cuando le anunciaron que estaba embarazada de mellizos, no lo podía creer.
Haynes tiene hoy 28 años y sus hijos crecen sanos y fuertes. No podría ser más féliz.