17 de mayo de 2013 - 00:00
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"Pecadores, sí, todos. Corruptos, no"
Fue la sentencia que pronunció el Papa Francisco en una homilía. No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles sus vidas, dijop también.
Pese a que era pecador, subrayó el Papa, Jesús mantuvo su promesa de edificar sobre él su Iglesia y le consignó su grey a un pecador.
Pedro era pecador, pero no corrupto, ¿eh?, advirtió Bergoglio, con el tono coloquial que caracteriza sus homilías. Pecadores, sí, todos: corruptos, no, insistió. Y relató esta anécdota: Una vez supe de un cura, un buen párroco, que trabajaba bien; fue nombrado obispo, y tenía vergüenza porque no se sentía digno, tenía un tormento espiritual. Fue a confesarse. El confesor lo escuchó y le dijo: ‘No te alarmes. Si con ese gran pecado que cometió Pedro lo hicieron Papa, ¡tú sigue adelante! El Señor es así. Nos hace madurar con tantos encuentros con Él, incluso con nuestras debilidades, cuando lo reconocemos, con nuestros pecados.
Pedro se dejó modelar por estos numerosos encuentros con Jesús y esto nos sirve a todos nosotros, porque estamos en el mismo camino. Pedro es un grande, no porque sea valiente sino porque es noble, tiene un corazón noble, y esta nobleza lo lleva al llanto, a este dolor, a esta vergüenza y también a asumir su trabajo de apacentar la grey.
Pidámosle hoy al Señor que este ejemplo de la vida de un hombre que se encuentra continuamente con el Señor (…) nos ayude a nosotros a seguir adelante, buscando al Señor y encontrándolo. Pero más importante es dejarnos encontrar por el Señor: Él siempre busca, Él siempre está cerca de nosotros. Pero tantas veces miramos hacia otra parte porque no tenemos ganas de dejarnos encontrar por Él. Encontrar al Señor, pero más importante es dejarnos encontrar por Él: ésa es una gracia. Esa es la gracia que nos enseña Pedro.
El jueves, en un discurso de recepción a embajadores, el Papa había señalado que la crisis financiera y económica mundial pone en evidencia sus distorsiones y sobre todo, una carencia de perspectiva antropológica, que reduce al hombre a una de sus necesidades, el consumo.
Mientras que la solidaridad, que es la riqueza de los pobres, a menudo se considera contraproducente, porque se opone a la lógica de las finanzas y de la economía. En consecuencia, pidió a los responsables financieros y de gobierno que considerasen las palabras de San Juan Crisóstomo: No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles sus vidas.
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