24 de enero de 2012 - 00:00
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El aterrador testimonio de los buzos que buscan cuerpos en el crucero hundido
Fabio Paoletti contó lo que vive todos los días cuando baja a buscar a las víctimas del dramático hundimiento; Me da miedo cada vez que desciendo, admite
Hacemos descensos de cincuenta minutos con tres tubos de oxígeno, y además depositamos uno o dos otros tubos en el camino. Si no ascendemos al cabo de ese período, otra persona que permanece en el bote viene a buscarnos, dijo Paoletti, que trabaja en el operativo de rescate en el crucero encallado frente a la isla de Giglio .
El buceador, originario de Viterbo, próximo de Roma, afirma aún disfrutar de la pasión por la exploración y descensos en grutas. Seis veces por año sigue entrenamientos sumamente rigurosos organizados por los bomberos.
Uno de los mayores riesgos es el de quedarse enredado en los cables eléctricos que flotan en el agua. Las tijeras son un elemento fundamental en nuestro equipo. En los entrenamientos, por ejemplo, nos vendan los ojos y nos cubren con cables, dijo.
En esa situación, añadió, uno tiene realmente poco tiempo para liberarse y cortar las cuerdas y cables, pero sin cortar el cable de seguridad que nos lleva de retorno a la salida del laberinto.
Mientras continúan las tareas de búsqueda de las personas aún desaparecidas, Paoletti estimó improbable que aún haya sobrevivientes.
Si hay alguna mínima preocupación de que alguien llame o golpee para reclamar ayuda, nos lo habríamos escuchado, pero es realmente improbable. A veces pensamos haber descubierto un cuerpo, pero es apenas una chaqueta o un par de anteojos, relató.
Los buceadores utilizan dos lámparas situadas en sus cascos para iluminar su camino a través del agua helada y evitar las sillas, mesas y decenas de objetos abandonados por los miles de pasajeros aterrorizados que abandonaron el barco, como sillas de ruedas o hasta cochecitos de bebé.
El equipo de nueve personas conducido por Paoletti aguarda que la marina de guerra italiana practique pequeños agujeros en el casco con micro explosiones para penetrar en el navío con los planos detallados de la parte del crucero a investigar.
Paoletti prefiere no pensar en la idea de que su cuerda de seguridad se corte y él resulte perdido en las entrañas del navío .
Cuando uno entra en pánico hace cosas que no debería hacer, y es difícil retomar la calma si uno pierde el control, dijo.
Aunque los buceadores tienen un sicólogo a su disposición, Paoletti asegura que nunca lo ha necesitado.
Cuando uno está bajo el agua, no hay tiempo para pensar en otra cosa que no sea el trabajo. Y cuando ascendemos, uno está tan cansado que no tiene fuerzas ni para tener pesadillas, dijo.
lanacion.com.ar
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