Rusia se mostró ayer muy indignada con las autoridades estadounidenses, tras anunciarse el arresto de diez presuntos espías rusos en Estados Unidos, aunque el primer ministro Vladimir Putin se mostró confiado en que el caso no deteriore las relaciones bilaterales.
Moscú reconoció la presencia de ciudadanos rusos entre los sospechosos detenidos, pero aseguró que no cometieron ningún acto dirigido contra los intereses de Estados Unidos. Sobre las acusaciones presentadas por Estados Unidos sobre un grupo de personas sospechosas de espionaje en favor de Rusia, informamos que ello concierne a ciudadanos rusos que se encontraban en territorio estadounidense en momentos diferentes, indicó un ministerio ruso.