ROMA - El papa Benedicto XVI presidió ayer, viernes, por la noche en el Coliseo de Roma el tradicional Vía Crucis, colocado este año bajo el signo de la India y de sus católicos perseguidos, en una ceremonia pascual enlutada por el trágico sismo de L`Aquila.
Al final de la procesión, el Papa dijo orar con todos aquellos que sufren en la región de los Abruzos, duramente golpeada por el terremoto, para que inclusive a ellos aparezca la estrella de la esperanza y la luz del señor resucitado.
Durante la jornada, el sumo pontífice había declarado unirse al luto de quienes lloran, en un mensaje leído durante los funerales de las víctimas del sismo.
Tal como ocurrió el año pasado, el Papa, que cumplirá 82 años el 16 de abril, siguió como espectador desde la colina del Palatino buena parte del Vía Crucis, sin recorrer a pie las 14 estaciones. Sólo al final tomó la cruz de madera, símbolo de la muerte de Cristo, llevada desde el Coliseo hasta la colina del Palatino. El rostro (del Cristo martirizado) se refleja en el toda persona humillada y ofendida, enferma y doliente, sola, abandonada y despreciada, declaró el Papa durante la ceremonia, seguida por una numerosa asistencia que llevaba velas encendidas, y transmitida por televisión a muchos países del mundo.