Indonesia pidió ayer ayuda al mundo dos días después de un violento sismo que pudo dejar miles de muertos y los filipinos se encomendaban a Dios antes de la llegada de un supertifón al archipiélago ya enlutado por la tormenta Ketsana.
El balance provisional del sismo de magnitud 7,6, que estremeció el miércoles el puerto de Padang, en el oeste de la isla de Sumatra, se elevaba ayer a más de 1.100 personas, según la ONU. Las autoridades indonesias confirmaron 777 decesos, pero consideran que varios miles de personas murieron probablemente en el terremoto. Hay muchas personas enterradas bajo los escombros, se inquietó la ministra de Salud, Siti Fadilah Supari, en Padang. Reconoció que los rescatistas tenían dificultades para localizarlas y sacarlas.
Indonesia necesita el apoyo de los países extranjeros y de equipos de socorristas experimentados y de su material, agregó.
Dos días después del terremoto, las posibilidades de retirar personas vivas (de los escombros) son muy escasas estimó Djazuli Ambari, secretario general de la Media Luna Roja indonesia, que envió al lugar unos cincuenta profesionales de la salud.