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Ocasión para la solidaridad

13 de julio de 2008 - 00:00
En la Capital de la provincia se piensa muy poco -si se pensara algo- en los comprovincianos del interior. El nexo tal vez exista sólo en los casos en que hay lazos parentales que alguna función integradora cumplen pero que no alcanzan para conformar una red que implique un servicio sistemático y abierto a todos los comprovincianos que a menudo necesitan efectuar trámites o resolver problemas de diversa índole y tienen dificultades para trasladarse hasta San Fernando del Valle, que es la sede central de la Administración del Estado y también el centro comercial.

Es curioso que una sociedad que es tan unánime en el lamento por el olvido de las provincias por parte de la Capital Federal no repare en el hecho de que aquí se reproduce fielmente aquel comportamiento que se tiene por demás injusto.

El abanico de las situaciones en este déficit es inmenso y abarca la totalidad de las realidades personales, familiares y comunitarias, en muchísimas de las cuales hay espacios en que una actitud diferente de los capitalinos serviría de mucho y generaría una integración provincial de la que se habla de tanto en tanto, sin que se oigan nunca proyectos concretos para materializarla.

Uno de los segmentos de ese abanico es el que incluye a jóvenes de escasos recursos económicos que vienen a esta Capital a intentar estudios y trabajo confiando en la Providencia en lo que concierne a techo, alimento y seguridad. Una vez aquí, corren las más ásperas experiencias y a veces deben abandonar la aventura y regresar a sus lugares de origen o permanecer en la precariedad y el riesgo de todo tipo que entraña el desamparo en una ciudad que es pequeña pero no por ello libre de las miserias morales de los grandes centros urbanos.

Hace 33 años se creó, en la marianísima capital de Catamarca, el Hogar María Goretti, destinado a alojar chicas del interior de deprimida condición económica que quieren estudiar mientras se desempeñan, cuando pueden, en tareas domésticas que les procuran recursos para sus necesidades personales más imperativas.

Este Hogar no estatal es obra de la Asociación de Orientación para la Joven (OPJ), una institución europea de inspiración cristiana nacida durante la Revolución Industrial, cuando la miseria puso a prueba la capacidad de solidaridad de los menos afectados por ese profundo cambio mundial.

Centros como el Hogar María Goretti surgieron también en otros 21 lugares de la Argentina, pero en estas creaciones de la OPJ se tuvo mayor suerte, pues cuentan con casa propia y reciben asistencia financiera permanente de los respectivos gobiernos provinciales.

Queda dicho ya que el hogar catamarqueño no tiene hábitat propio ni tampoco aporte estatal, ni provincial ni municipal que permita, a quienes dirigen aquí la Asociación, ver con tranquilidad el futuro y pensar en multiplicar el número de las beneficiarias.

La OPJ es conducida por una Comisión Directiva que integran mujeres catamarqueñas de ejemplar sentido de la solidaridad y de una constancia probada por largos años de actuación sin estridencias. El Hogar, que aloja actualmente a 7 jóvenes que cursan estudios superiores -salvo una que está completando el nivel medio-, se mantiene por el aporte de socios que abonan mensualmente una modesta contribución.

La austera normalidad en que transcurría la vida en este Hogar se ha alterado ahora, porque los propietarios de la casa han notificado a la OPJ para que la entreguen en el próximo agosto.

La inquietud en la comunidad que sostiene este vital refugio para unas comprovincianas que ven oscurecerse su suerte es grande. Y ya se ha recurrido al área social del Gobierno en busca de la asistencia financiera que ayude a superar el trance.

No hay duda de que la coyuntura podría servir para ejercitar esa enorme virtud de la solidaridad que es capaz de obrar milagros. Para comprender, además, que si bien hay derecho a esperar que el Gobierno brinde los servicios que la necesidad del pueblo demanda, no es menor el deber de la comunidad del llano en lo que respecta a contribuir, con lo que se puede, para hacer más plena la vida del prójimo con urgencias que no puede afrontar por sí mismo.

Y tratándose de ayudar a coterráneas del interior, no hay duda de que esta expresión de fraternidad lo será también de integración entre los catamarqueños de la Capital y los de los otros puntos del mapa catamarqueño.El Hogar María Goretti de jovencitas del interior de condición económica precaria que estudian en esta Capital espera que la solidaridad comunitaria le permita seguir funcionando.
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