CIUDAD DEL VATICANO - El papa Benedicto XVI celebró ayer en la Capilla Sixtina un bautismo "de espalda a los fieles", una modalidad preconciliar que no se practicaba hace unos 30 años, y pidió por los hijos de los inmigrantes, "para que tengan un futuro".
Si bien el Pontífice ofició la eucaristía dando la espalda a los fieles, la celebración se desarrolló después según el misal postconciliar, en italiano y de acuerdo con el esquema introducido por Pablo VI.
El oficio se desarrolló en ocasión del tradicional bautismo de principios de años, según consignó ayer la agencia italiana de noticias Ansa, y detalló que el Papa utilizó el antiguo altar de la Capilla, bajo el fresco del Juicio Universal de Miguel Ángel.
La Oficina de celebraciones litúrgicas, encabezada por el nuevo maestro de ceremonia monseñor Guido Marini, explicó el sábado que la decisión de retomar el antiguo altar se debía a la intención de no alterar toda "la belleza y la armonía de esta joya arquitectónica" que es la Capilla Sixtina".
Benedicto XVI bautizó ocho niñas y cinco niños, todos hijos de empleados vaticanos, y después de la misa, se asomó a la ventana de su apartamento, en el tercer piso del Palacio Apostólico, para rezar el Ángelus ante las decenas de miles de personas congregadas en la plaza.
Durante el Ángelus, Benedicto XVI habló de los hijos de los inmigrantes y denunció "el drama de niños y adolescentes que nacen y crecen en campos de refugiados" e invocó para ellos "un futuro".
El Papa se dirigió a los jóvenes inmigrantes y les pidió respetar las leyes y no abandonarse a la violencia para construir "junto con sus coetáneos, una sociedad más justa y fraternal".
"Numerosos son los jóvenes que varios motivos empujan a vivir lejos de sus familias y de sus países", explicó el Pontífice y denunció que "particularmente sometidos a riesgo están las muchachas y los menores".