14 de enero de 2008 - 00:00
- El Ancasti >
- Mundo >
¿Falta comida o es demasiado cara?
Los expertos advierten de que el alza del precio de los alimentos y el cambio climático pueden disparar el hambre en el mundo. Pero el reto es también una oportunidad para los agricultores.
El propulsor principal de la escalada -aunque no el único- es el auge imparable de los biocombustibles, que van a seguir extendiéndose no sólo para combatir el cambio climático, sino también como consecuencia del desbocado precio del petróleo. Incluso el biodiésel más ineficiente en términos ecológicos es rentable si el barril de petróleo supera los 60 dólares.
Por tanto, hay presión en el lado de la demanda para rato: los alimentos convertibles en energía van a seguir subiendo de precio y los agricultores van a aumentar este tipo de cosechas en detrimento de otras que simplemente sirven para alimentar. La FAO, la OCDE, el Instituto de Investigación de Políticas para la Agricultura y la Alimentación (FAPRI, en sus siglas en inglés), el Banco Mundial, The Economist... Todos coinciden: los precios continuarán subiendo con toda seguridad hasta 2010. Algunos se atreven incluso a alargar la serie como mínimo hasta 2020.
"Los biocombustibles crearán hambre. La fiebre por convertir comida en energía llevará al desastre. Hay riesgos muy serios de crear una batalla entre la comida y la energía que dejará indefensos a los más pobres y hambrientos de los países en vías de desarrollo", opina, siempre contundente, Jean Ziegler, el relator especial para el derecho a la alimentación de Naciones Unidas.
Ya hay datos que lo avalan: el uso del maíz para producción de etanol en EE.UU., generosamente subsidiado por el Gobierno, se ha multiplicado por 2,5 en un lustro. "Los precios de los cereales y del petróleo van a estar cada vez más interrelacionados", concluye el Instituto Internacional de Investigación para Políticas de Alimentación (IFPRI, en sus siglas en inglés), uno de los centros con más autoridad en la materia. Las estimaciones de este think-tank con sede en Washington son demoledoras: la disponibilidad de calorías serán en 2020 entre el 2 y el 8 por ciento inferiores a las actuales, pese a que habrá más bocas por alimentar. El fenómeno afecta a todo el mundo, aunque las zonas más perjudicadas serán el África subsahariana, América Latina y Oriente Próximo.
Los biocombustibles no son los únicos responsables del alza de precios. El boom económico en India y, sobre todo, China, tienen también su importancia. El crecimiento de ambos países-continentes va aparejado a una mayor demanda de alimentos, incluida la carne. En 1985, los chinos consumían una media anual de 20 kilos de carne y hoy superan los 50. El gigantismo del país convierte las consecuencias en mundiales: más agua y terrenos destinados a los animales y a los cereales para alimentarlos en detrimento de los humanos, mayor demanda de alimentos: el resultado es siempre aumento de los precios.
¿Pero no eran precisamente los precios irrisorios de los alimentos los que impedían el despegue de los países pobres dependientes de la agricultura? ¿No supone todo ello una gran oportunidad para que centenares de miles de agricultores, sobre todo en África, salgan de la pobreza? "La situación ciertamente puede ser beneficiosa en términos macroeconómicos para algunos países exportadores", opina, en conversación telefónica desde Washington, Harold Alderman, experto en economía africana del Banco Mundial, quien añade: "Pero incluso en estos escasos países, las personas más pobres y, por tanto, los más vulnerables ante el hambre y la malnutrición, salen claramente perjudicados de la situación de alza de precios".
Alderman admite las oportunidades que se abren para determinados países emergentes -sobre todo, subraya, si se acabara con el tradicional proteccionismo de los países ricos-, pero insiste en que los más pobres no obtendrán ningún beneficio, al menos a corto plazo: "Los pobres raramente tienen tierras propias ni exportan nada. Por tanto, no ganan nada. Al contrario: sus ingresos son mínimos y ahora deberán hacer frente a una impresionante subida de los alimentos básicos, que va a continuar".
El pesimismo sobre la carestía alimentaria tiene para África un valor extra: el cambio climático. Los informes científicos recalcan que el continente negro será el más afectado y las sequías anunciadas ponen todavía la situación más difícil para la agricultura. Por ejemplo, el IFPRI estima que la tierra disponible para plantar trigo prácticamente desaparecerá en el África subsahariana y la capacidad de producción global de cereales en el continente será en 2080 el 15 por ciento más baja que en la actualidad.
África, que justo ahora parece que empieza a despegar tras décadas en el pozo, se enfrenta a unas previsiones aterradoras en cuanto a la alimentación por culpa del cambio climático y de los precios alimentarios desbocados. Según las proyecciones del IFPRI, en 2080 el número de subsaharianos con problemas de malnutrición o hambre se habrá multiplicado por tres y alcanzaría la aterradora cifra de 410 millones de personas.
Algunos países han empezado a reaccionar a la subida de precios, aunque con medidas que, según la mayoría de expertos, pueden ser incluso contraproducentes: con tasas a la exportación para reducirla, como ha hecho, por ejemplo, Rusia. O la principal tentación: querer establecer precios máximos para los alimentos.
En una economía de mercado, intentar fijar por decreto topes a los precios suele tener el efecto contrario al buscado: los productos se evaporan a la espera de tiempos mejores e inundan el mercado negro. La escasez aumenta todavía más los precios. Venezuela y Argentina, dos de los países que con más ahínco han tratado de rebajar los precios por decreto, deben lidiar ahora con dos de los datos de inflación más descontrolados del mundo.
El consenso es en cambio total en la necesidad de establecer mecanismos de compensación económica directa para que los más pobres no vean empeorada su situación. Esta receta une a ONG con economistas, liberales o intervencionistas, sin distinción de etiquetas: para unos, se trata de una medida coyuntural; para otros, permanente. Pero hay acuerdo en que ahora la medida es imprescindible.
"Pese a todo, no soy pesimista. Lo sería si no se hiciera nada, pero la situación es también una gran oportunidad", proclama desde Roma Kostas Stamoulis, jefe del departamento de Agricultura del servicio de desarrollo económico de la FAO, la institución que más llamadas de socorro ha lanzado. "La agricultura ha estado abandonada durante demasiado tiempo y ahora se abre una gran oportunidad para lograr su relanzamiento y para destinar recursos a programas que mejoren la productividad".
"Tengo confianza en que la tecnología y la investigación mejorarán la productividad; no podemos permitirnos el pesimismo", le secunda Carlos Fernández, de Acción contra el Hambre. Los avances científicos son tan potentes que incluso la vieja quimera de multiplicar panes y peces parece hoy posible en un horizonte no tan lejano, vía clonación. Malthus se equivocó, sí. Pero los hambrientos siguen contándose por millones.
Dejá tu comentario
Te Puede Interesar
El último gol se gritó a pleno
Catamarqueños vibraron con la Scaloneta en la Terminal de Ómnibus
Posibles rivales
Contra quién podría jugar Argentina los 16avos del Mundial
¡Máximo goleador!
Argentina venció a Austria por 2 a 0 y Messi se ubicó en la cima de los goleadores de los mundiales
El goleador albiceleste
Lionel Messi: "Ya le dimos varias alegrías a la gente, pero intentaremos darle una más"
Cruces en Valle Viejo
Contreras desestimó la denuncia de Barrios: "Buscan conseguir un titular mediático"
Tras la protesta frente a la obra social
OSEP escuchó el reclamo de las MAE y aseguró que no existen deudas exigibles
Cambios en el gabinete