7 de junio de 2007 - 00:00
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Dudas sobre el hombre que despertó tras 19 años
Especialistas dicen que no hay certezas de que se trató de un caso de coma. Sin embargo, Jan Grzebski permaneció con funciones vitales mínimas.
Por cierto Grzebski perdió el habla y estuvo paralizado durante años. Sin embargo mantuvo sus funciones vitales de base y no estuvo alimentado de manera artificial ni conectado a un aparato respiratorio, como es el caso de los enfermos que sí están en coma.
Jan Grzebski, de 65 años, confirma que siempre estuvo consciente. "Escuchaba todo alrededor, comprendía todo pero no podía decir ni una palabra", explicó a la AFP. "Estaba como una planta. Fue terrible no poder comunicar".
En su lecho, el hombre muestra los progresos que ha hecho desde su despertar, bajo la mirada complaciente de su esposa Gertruda, la verdadera heroína de la historia.
"Si estoy vivo es gracias a mi mujer", dice Jan Grzebski con voz aún débil.
"Los médicos no le daban ninguna posibilidad de vivir, apenas unos días, unas semanas, un mes en el mejor de los casos" reconoce Gertruda.
"Pero luché para que viviera, me agarré a cualquier esperanza, quería que mis hijos y mis nietos tuvieran a su padre".
En 1988, Jan Grzebski fue víctima de un accidente laboral cuando acoplaba dos vagones de un tren.
Al recibir un golpe en la cabeza, desarrolló un tumor cerebral y poco a poco fue perdiendo el habla y la capacidad de mover sus miembros.
Después de pasar de un hospital a otro, su mujer decidió llevárselo a casa y ocuparse personalmente de él.
Hospitalizado de nuevo el año pasado y sometido a otra reeducación, el hombre comenzó a reaccionar favorablemente.
"Truda", como el llamaba a su mujer Gertruda, fue la primera palabra que pronunció.
Para numerosos diarios polacos o extranjeros, la primera versión de la historia de Jan Grzebski hacía pensar de todas maneras el filme "Good bye Lenín".
En esta comedia, en una familia estealemana, los hijos de una mujer que acaba de salir de un coma en el que estaba desde antes de la caída del muro de Berlín, crean en torno a ella el universo cotidiano de la ex RDA, para evitarle el choque de ver tal cambio político.
Jan Grzebski comprendió hace tiempo que el comunismo desapareció, pero aún no sale de su asombro después de haber estado en un supermercado de su barrio.
"No hay filas, se puede comprar todo y tanto como uno quiere, no se necesitan tickets de racionamiento... El único problema es que hay que tener dinero", comentó.
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