Están en curso las investigaciones sobre el complot de miembros de su partido para comprar informes supuestamente comprometedores contra la oposición socialdemócrata.
Brasil vuelve a las urnas el domingo 29 para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales con el mandatario Luiz Inacio Lula da Silva como favorito ante el socialdemócrata Geraldo Alckmin, pero acechado por escándalos que involucran a sus allegados.
Lula, que el 1 de octubre arañó la reelección con 48,6% de los votos contra 41,6% de Alckmin, sacó en la encuesta del instituto Ibope divulgada el viernes una ventaja de 24 puntos porcentuales y, al decir de analistas, sólo "un torpedo" podría hundir su navío de votos.
"No hay ninguna indicación de una reversión de la victoria de Lula", dijo a la AFP el político Marcus Figueiredo.
"La única posibilidad sería que apareciera alguna denuncia que vincule al presidente. Ahí es posible que ocurra algo", añadió.
Igual el terreno hacia las elecciones del domingo tiene peligros para Lula.
Están en curso las investigaciones sobre el complot de miembros de su Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), para comprar en 800.000 dólares informes supuestamente comprometedores contra la oposición socialdemócrata. El caso fue descubierto dos semanas antes de las elecciones del 1 de octubre y el propio Lula admitió que eso frustró su reelección.
El dinero para comprar ese dossier sería de origen ilegal, según la Policía Federal. Una parte pequeña al menos provendría del juego clandestino, sospechan los investigadores y los socialdemócratas esperan que se confirme cuanto antes.
"Eso prueba de manera definitiva la ligación del PT con el submundo del crimen", dijo el presidente del Partido de la Social Democracia de Brasil (PSDB) Tasso Jereissati al diario O Globo el fin de semana.
Alckmin, un tecnócrata poco carismático, salió fortalecido de la primera ronda y en su primer debate contra Lula le cargó las tintas por la corrupción en el gobierno. Sin embargo, cuando parecía que su figura crecía, las encuestas empezaron a decir lo contrario.
Lula apuntó a atribuirle a Alckmin el plan de privatizar empresas y bancos, entre ellas íconos nacionales como la petrolera Petrobras.
Alckmin dijo que esa intención privatizadora es mentira pero hasta dirigentes socialdemócratas, admitieron que le dio a Lula un sorprendente impulso en las encuestas.
Figueiredo, cree que atribuirle a Alckmin objetivos privatizadores, le aseguró a Lula los votos que le faltaban. "En el imaginario popular, privatizar es entregar el oro a los bandidos. La iniciativa privada es mal vista en Brasil", afirmó.
Lula promete mantener su política económica austera que tiene a raya la inflación y a la vez le permitió aumentar el salario mínimo y asegurarle asistencia social a 44 millones de pobres. Admite que Brasil, décima economía mundial, creció menos que los demás países emergentes pero aseguró que ya está en condiciones de crecer a tasas del 5% anual.
Alckmin dijo que mantendrá los programas sociales, carta de triunfo de Lula, pero también bajará impuestos y recortará gastos; marca registrada de su gestión como gobernador de Sao Paulo hasta marzo pasado.
Aún ganando, el horizonte de Lula tiene nubarrones. El Tribunal Superior Electoral estudiaba anular su candidatura debido al escándalo de la compra documentos contra la oposición. Lula puede ganar y hasta asumir el 1 de enero, pero si el tribunal falla a favor de la anulación, perdería su mandato.