Corazoncitos palpitando, risas nerviosas y ojos sumamente curiosos fueron el común denominador en cuatro rincones de la ciudad donde, este fin de semana, la magia no llegó en camello, sino en autobomba.
Corazoncitos palpitando, risas nerviosas y ojos sumamente curiosos fueron el común denominador en cuatro rincones de la ciudad donde, este fin de semana, la magia no llegó en camello, sino en autobomba.
Más de 150 chicos, de entre un mes de vida y 17 años, recibieron la visita de los Reyes Magos Bomberos que tuvo como protagonista a una dotación especial del cuartel de Bomberos Voluntarios de Valle Viejo.
Hace 15 días, estos servidores públicos que trabajan voluntariamente para salvaguardar la vida de la comunidad, se pusieron en la piel de los niños en situaciones de vulnerabilidad por problemas de salud y por la falta de familia, e iniciaron una colecta para comprar juguetes, golosinas y asegurarles esa visita especial que muchos niños del mundo esperan durante la festividad cristiana.
De esta manera, los niños internados y quienes esperaban en la guardia del Hospital de Niños, los bebés de la Maternidad Provincial, los pequeños de la Sala Cuna y los que pertenecen a la Fundación Soles, recibieron la visita de los particulares reyes que llegaron entre sirenas y aplausos.
Ataviados con enormes bolsas con juguetes y asistidos por sus compañeros portando el clásico casco y traje contra incendios, los Reyes Magos Bomberos recorrieron cada institución, pasillo, terapia y habitación hospitalaria, no solo dejando regalos sino también esperanza y fortaleza a los pequeños que hoy batallan contra alguna enfermedad o cuyo mayor deseo es encontrar una familia que los adopte y les brinde el derecho de tener una familia.
Y en ese intercambio, la magia se dio naturalmente entre quienes entregan valor, compromiso y amor de manera incondicional y quienes más lo necesitan.
En la Fundación Soles, los Reyes Bomberos brindaron, además, una breve charla sobre cómo los niños deben actuar ante incendios o sismos y también les permitieron jugar a ser bomberos y manipular la típica manguera cuya potencia asustó a más de uno.
Con el alma movilizada y satisfechos por la tarea, los bomberos volvieron a algunas de sus tareas cotidianas, como el apagar incendios en la villa, llevar agua a algunas familias o custodiar y asistir ante el vuelco de un container repleto de Nitrato de Amonio líquido en la cuestecilla de El Portezuelo, cuyo cambio de temperatura podía provocar una explosión. Nada que fuera extraño en su vasto repertorio de "quehaceres" habituales.
Sin embargo, gestos como los que protagonizaron el pasado fin de semana los motivó a continuar con la tarea y la decisión de estar adonde nadie quiere.