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Análisis

Un mundo en llamas en busca de culpables

Por Rodolfo Schweizer- Especial para El Ancasti-Agosto 2021

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18 de agosto de 2021 - 09:57 Por Redacción El Ancasti

A medida que los incendios arrasan con gran parte del oeste de EE.UU., Grecia, Turquía, Italia, Argelia, Chipre, Macedonia y aun zonas frías como Siberia y de Canadá, arrasando pueblos, bosques y causando la muerte de cientos de personas, el tema de la identificación de las causas de tales desastres está siendo tergiversado porgran parte de la sociedad, culpando equivocadamente a la naturaleza. En efecto, en el caso de los incendios de gran magnitud, ya es común y muy simple culpar al cambio climático por el desastre y no a los factores humanos que iniciaron el fuego.

Comprendiendo el proceso

Dejando de lado fenómenos naturales como rayos, volcanes y la muy rara “combustión espontánea” de algunos productos, el inicio de un incendio siempre tiene como protagonista al hombre, directa o indirectamente, no la naturaleza. 

Última oportunidad
  • Tensión por múltiples focos de incendios forestales
  • Si dejamos de lado los incendios intencionales como los de la Amazonía para generar espacios con fines agropecuarios o de nuestros montes para plantar soja, los grandes incendios siempre se originan en algún evento intempestivo que, directa o indirectamente, tienen relación con algún desencuentro entre la actividad del hombre y la naturaleza.

    Un ejemplo de eso es el “Incendio Dixie” en EE.UU, llamado así por haberse iniciado cerca de una ruta que lleva ese nombre en California.Este desastre no fue causado por la naturaleza, sino por la rama de un árbol que cayó encima de una línea eléctrica de media tensión, se incendió, cayó al suelo y luego incendió el pastizal que lo rodeaba. Hasta el 10 de agosto, el fuego ya había consumido 292.751 hectáreas, incinerado tres pueblos pequeños y obligado a evacuar 26.500 personas. 

    Por supuesto, alguien se preguntará por qué no se sofocan de entrada los focos de incendios. Aquí nuevamente entra lo humano en el juego. En el caso de este incendio en California, la compañía propietaria de esa línea de media tensión, PG&E, dice que mandaron brigadas por tierra para sofocarlo, pero que no pudieron llegar por no haber caminos en condiciones. También mandaron aviones con productos químicos extinguidores de incendio, pero tuvieron que volver sin lograr su cometido, ante el peligro de chocar con un drone, operado por alguien con vaya a saber qué fines o intenciones personales.En pocas palabras, el ser humano, por acción o por defecto, siempre es el responsable del inicio de este tipo de catástrofe.

    Ahora bien, si la naturaleza no es la culpable de iniciar un incendio, ¿qué rol juega en el mismo? La respuesta es simple: generar las condiciones para que el incendio se extienda una vez iniciado. En otras palabras, una sequía combinada con una ola de calor aumenta la disponibilidad de materia vegetal combustible para que se inicie un incendio y se mantenga por más tiempo. Esa combinación de calor y sequía disminuyen la humedad ambiente, lo cual facilita la propagación más rápida del fuego al generar llamas más altas, lo cual aumenta, a su vez, las dificultades para combatirlo.

    La explicación de por qué la naturaleza actúa de esa manera, aportando un tiempo caluroso y seco con poca humedad y favorable a la expansión de un incendio, es simple: Por el calentamiento global, cuyo origen también está en la actividad humana. El resultado final es un espacio físico sobrecalentado, con olas de calor, sequías y otros daños asociados, que aumentan las condiciones favorables para un incendio y su propagación. En ese contexto, la colilla de un cigarrillo encendido alcanza y sobra para desatar una catástrofe. Es como si el hombre fuera quemando su futuro desde arriba y desde abajo, debido obviamente a su estilo de vida, que conduce, más tarde o más temprano, al colapso de su civilización.

    Ahora bien, conviene advertir aquí que ese proceso tiene un agravante más para casos como Catamarca, derivado del efecto de estar en una región montañosa. En efecto, en terrenos con pendientes la propagación del fuego es más rápida. Un 10% de pendiente dobla la velocidad de propagación de un incendio hacia arriba, en comparación a un terreno llano; un 20% la cuadriplica. El“Incendio Dixie” de California lo ha demostrado arrasando el pueblito de Greenville (1.200 habitantes), construido en una zona montañosa. 

    Consecuencias a largo alcance

    Al tema del calentamiento global y su efecto ya lo hemos tratado en el pasado en este mismo medio. En Octubre de 2018, en un artículo titulado “A medio grado del desastre climático” advertimos del peligro de llegar a 1,5 grados de aumento de temperatura media en el planeta en el 2030.

    Entonces dijimos: “Para dar una idea de las consecuencias globales asociadas a la diferencia entre llegar o no a 1,5 y 2 grados de temperatura por encima de la registrada en el siglo 19, se han dado las siguientes cifras que dan una idea de lo que nos espera hacia 2030 y 2050 de no cambiarse curso. Las cifras corresponden a esos dos años, respectivamente:

    1. Población afectada por olas de calor: 14 y 37%.
    2. Personas afectadas por la escasez de agua: 350 y 411 millones.
    3. Porcentaje de insectos que perderán 50% de su hábitat: 6 y 18%.
    4. Porcentaje de plantas que perderán su rango de extensión actual en un 50%: 8 y 16%.
    5. Porcentaje de vertebrados que perderán 50% de su hábitat: 4 y 8%.
    6. Población expuesta a inundaciones por aumento del nivel del mar: 31 a 69 millones y 32 a 80 millones.
    7. Caída del rendimiento de cosechas: indefinida, aunque importante para Sudamérica entre otras regiones. Hay una coincidencia general en que el cambio climático va a llevar a una caída en la producción de alimentos en todo el planeta.”

    Los registros de este Agosto de 2021, informan que el planeta ya ha aumentado su temperatura media en 1,09 grados C, o sea que estamos a 0.41 grados del límite. Los datos de las temperaturas de estos últimos días no son alentadores. Lugares como Sicilia, en Italia, han llegado a los 48,8 grados C; la provincia de British Columbia en Canadá tocó los 49.6 grados C; Túnez y Argelia llegaron a los 46 grados C y el Artico ya llegó a los 18,6 grados C. Esto demuestra que la humanidad se encuentra muy lejos de controlar el cambio climático. 

    Por lo tanto, definir qué se tiene que hacer para evitar en los próximos 9 años pasarse de los 1,5 grados centígrados, es un desafío para todos, gobiernos y sociedad. Esto hace oportuno recordar que en Febrero de 2019 advertimos en otro artículo, “Las temperaturas a futuro: impacto en plantas y agricultura”, que un modelo matemático anticipaba que Catamarca tendría en 2030 entre 28 y 42 días con temperaturas por arriba de 32 grados C.; en 2040 entre 35 y 49 días y en 2050, entre 43 y 57 días.

    Naturalmente, esta situación tendrá su costo para la población. Como dice Cynthia Resenzweig, Directora del Grupo de Impacto Climático del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, “el aumento de los días con calor intenso impactará en la gente y en los sistemas de los cuales dependen los alimentos, el agua, la energía, el transporte y los ecosistemas”.

    Esto lo advertimos recordando que toda planta tiene una temperatura media óptima de raíz para funcionar a pleno. En las hortalizas, por ejemplo, son 25 grados C. Obviamente, esto también vale para la flora nativa, nuestros algarrobos, mistoles, etc., cuyos beneficios ambientales también merecen reconocerse. Un árbol implica sombra y menos calentamiento en el diámetro de su follaje, más una barrera contra el viento y el tierral que caracterizan a nuestra zona. Imaginemos el beneficio que sería la presencia de miles de ellos. 

    Sin embargo, contrariando el sentido común, hace poco se diezmó la ribera del Río del Valle para construir una ruta asfaltada y facilitar el movimiento del parque automotor local, un criterio pasado demoda en los contextos urbanos de los países más desarrollados, donde la tendencia es a lo inverso: recuperar el medio ambiente para la gente, no para ponerlo al servicio de los automóviles.

    La situación actual

    El nuevo reporte de las Naciones Unidas este pasado lunes 9 de agosto dice que entre 1979 y 2013 el área planetaria susceptible a ser afectada por incendios ha aumentado al doble; que la duración de los incendios ha aumentado al 19%. En el caso de Europa, el informe dice que esos países cumplen con 38 condiciones climáticas favorables a los incendios. Preguntamos ¿dónde “están parados” Catamarca y nuestro país al respecto? No lo sabemos. Esto es tarea de las autoridades, que no pueden aducir que no lo saben, cuando las mismas Naciones Unidas lo advierten.

    En resumen, se cree que la convergencia de las olas de calor y las sequías han aumentado su frecuencia en el siglo XX debido a la actividad del hombre. También que las condiciones del estado del tiempo que promueven los incendios se han vuelto más probables en todo el planeta. 

    En conclusión, como dice el informe de IPCC (Intergovernmental Panel onClimate Change), el hecho de que el cambio climático haga los incendios más catastróficos, no quiere decir que el hombre no sea el último responsable de los mismos. Lo opuesto es la verdad: el hombre es el que ha generado el cambio climático que hace que los incendios sean más peligrosos. Una doble amenaza que demanda una reflexión sobre nuestra relación personal y colectiva con el contexto natural en que vivimos. 


     

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