La demanda en comedores y merenderos no deja de crecer en cada uno de los barrios de la Capital, donde lo pueden sostener en el tiempo solo quienes reciben los fondos del programa Pro Igualdad de Oportunidades (PIO), porque pueden comprar los alimentos aunque de manera irregular. Mientras los barriales o informales redujeron la asistencia de tal manera que cocinan entre 2 y 3 días por semana, el resto les dan mate cocido. Ayer y luego que Cáritas describiera la demanda constante que tiene, desde comedores barriales contaron a El Ancasti que subsisten porque se organizan y salen a pedir donaciones de particulares y que son asistidos por Desarrollo Social, pero no les alcanza.
Comedores comenzaron a recibir ayuda pero no les alcanza ante la demanda
Cristian del comedor del barrio Santa Marta, Cristina desde otro sector del sur, María desde el norte, Luisa desde el Virgen Niña, Rodolfo, Julio, Ana, Karina, Jimena y tantos otros referentes de comedores trabajan a diario para asistir a entre 100 y 300 familias en cada uno de sus comedores, sean emergentes, barriales, comunitarios, y son quienes conocen que las ayudas se suspenden, se demoran, y deben salir a pedir donaciones para ayudar al prójimo.
Desde hace dos semanas que en la mayoría de los comedores se les entrega mercadería que ellos llaman alimentos secos, y ayudas para comprar carne pero solo en algunos casos. Quienes reciben PIO tienen al menos dos semanas para cocinar, pero quienes no deben recurrir al Mercado de Abasto a pedir las verduras que quedan y a las pollerías para solicitar donaciones de “ranchos”.
“Estamos recibiendo alimentos; de la Vicegobernación nos traen fardos de azúcar, fideos, mientras que desde Desarrollo Social nos refuerzan con mercadería, pero la verdura y el pollo debemos conseguir nosotros. En Santa Marta tenemos 170 personas que vienen y nosotros también llevamos al Parque Loteo Sur, donde hay muchos chicos y familias muy pobres. A veces la gente del norte nos llama y nos pide por favor comida. La pobreza es mucha y nosotros hacemos lo que podemos como cada una de la gente que trabaja en los comedores. Nosotros cocinamos de lunes a viernes pero no podemos, a veces cocinamos 3 veces porque no hay cómo conseguir. Nosotros somos un comedor barrial y todos los días es un cuesta arriba”, apuntó Cristian.
Lamentó la situación de otros comedores que no pueden seguir y dijo que conoce de comedores que reciben de manera permanente alimentos, pero son los menos. Los consultados se mostraron agradecidos con la asistencia, aunque no es suficiente por la creciente necesidad, y a su vez dijeron temer que no se les brinde ayuda si dan a conocer públicamente la realidad que padecen.
Recreo
Estela Santucho, encargada del comedor comunitario Central Norte de Recreo, comentó ayer en Radio Valle Viejo que reciben desde hace tres años $75.000 por mes para cocinar a los empadronados de bajos recursos. Con este dinero deben hacer alcanzar para dar de comer a 250 personas de lunes a viernes, lo que equivale a 300 pesos por vianda pero divididos en 20 días; quiere decir que deben pensar en utilizar 15 pesos para preparar cada ración por día.
“Estamos en un momento desesperante; tenemos 13 comedores comunitarios en la provincia y somos el único que funciona en el departamento La Paz. La diferencia con nosotros es que otros comedores de la ciudad reciben mercadería por otro lado, nosotros acá no”, explicó. La encargada del comedor dijo que además de las 250 viandas que deben preparar tienen un listado de 200 personas más que “esperan por un cupo para poder ingresar. Todos los días vienen dos o tres familias nuevas”, explicó.n