entregó gran parte de su vida a la docencia y a los demás

Franciscano, obispo de Córdoba y orador de la Constitución

sábado, 20 de junio de 2020 · 01:09

Fray Mamerto Esquiú nació en Catamarca en 1836 y desde pequeño sufrió graves problemas de salud. A los cinco años, estando muy enfermo, vistió por primera vez un hábito franciscano: lo había confeccionado su madre, quien prometió vestirlo siempre con él para que se curara.

Apenas cumplidos los 10 años, ya huérfano, ingresó al convento de San Francisco donde fue ordenado sacerdote el 18 de octubre de 1848. Entregó gran parte de su vida a la docencia; solo quiso dedicarse a los demás y a vivir “desconocido e ignorado”.

Religiosos franciscanos contemporáneos de Esquiú lo definieron como “un apóstol en el ejercicio de la confesión e infatigable en la asistencia de los enfermos”. A fines de 1880 fue nombrado obispo de Córdoba, donde también daba misas en penales y hospitales y recibía en su casa a pobres y necesitados, entre quienes repartía su dinero.

"Me gusta la soledad y una vida retirada; sin embargo, mientras tenga fuerzas me veréis siempre inquieto de una a otra parte, solícito del bien de todos", escribió en su diario Esquiú.

Murió el 10 de enero de 1883 en la posta catamarqueña “El Suncho”, un lugar “humilde, solitario, privado de todo recurso” como había sido su propia vida, escribió un diario de la época al dar cuenta de su deceso.

A Esquiú se le atribuyen unos 300 hechos milagrosos, entre ellos la curación de un hombre que padecía una trombosis de retina irreversible, que habría sanado con solo pronunciar su nombre.

Pero probablemente el episodio más famoso de su vida fue el sermón de la Constitución. El 9 de julio de 1853, en un clima de tensión entre quienes proponían un Estado laico y quienes deseaban uno confesional, el religioso pidió concordia y unión para los argentinos, alcanzando trascendencia nacional.

“Obedeced, señores; sin sumisión no hay ley; sin ley no hay patria, no hay verdadera libertad: existen solo pasiones, desorden, anarquía, disolución, guerra y males de que Dios libre eternamente a la República Argentina”, declamó.

En 2008, el corazón de Fray Mamerto Esquiú desapareció de una urna ubicada en el Convento de San Francisco, de Catamarca. A las pocas horas fue detenido un joven que declaró ante la Justicia haber tirado la reliquia en un cesto público de la capital provincial, pero nunca fue encontrado. Ya había sido robado en 1990 pero entonces sí fue recuperado al poco tiempo.

Otros tres beatos
El Papa, en su audiencia con el cardenal Ángelo Becciu, autorizó los decretos que darán a la Iglesia tres beatos más que representan el continente sudamericano y Europa, con su anhelo de servicio a los pobres, la nación y los jóvenes.

Los Decretos promulgados ayer por la Congregación para las Causas de los Santos con la autorización del papa Francisco llevarán a la beatificación a tres venerables siervos de Dios que vivieron en el siglo XIX, por el reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión.

La Iglesia de Venezuela y del resto del mundo se alegra por la próxima beatificación de uno de sus hijos más célebres, el laico José Gregorio Hernández Cisneros.

También será beatificado el alemán Francisco María de la Cruz, nacido Juan Bautista Jordán, sacerdote fundador de la Sociedad del Divino Salvador y de la Congregación de las Hermanas del Divino Salvador. 

Entre los decretos promulgados está otro relativo al reconocimiento del martirio de la sierva de Dios María Laura Mainetti, una religiosa italiana nacida en Colico, en la provincia de Lecco, el 20 de agosto de 1939. Fue asesinada por odio a la fe por tres jóvenes en un ritual satánico el 6 de junio de 2000. Ahora será proclamada beata.

Otro decreto reconoció las virtudes heroicas de quien ahora podrá ser llamada venerable sierva de Dios, Gloria María de Jesús Elizondo García, nacida Esperanza, superiora General de la Congregación de los Misioneros Catequistas de los Pobres.

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