Es para mí un gran placer y compromiso delinear una sucinta semblanza de Ramona Elvira Retamozo, respetada y querida vecina de Santa Rosa, Valle Viejo.
Es para mí un gran placer y compromiso delinear una sucinta semblanza de Ramona Elvira Retamozo, respetada y querida vecina de Santa Rosa, Valle Viejo.
A Elvirita adornan valores humanos que dejaron y dejan huellas a seguir. Su obrar como maestra y creyente de profundas convicciones alumbraron la infancia y la juventud de varias generaciones de alumnos.
Nacida en Catamarca el 5 de Julio de 1924, es la hija menor de Ramón Rosa Retamozo y María Luisa Barrionuevo. Su única hermana fue María Salome Retamozo, también maestra. Elvira, desde fines de mayo de 2004 hasta la actualidad, vive en la provincia de Neuquén, en la ciudad de Plottier.
No existe una fecha exacta, pero entre los años 1936 / 1937 la familia Retamozo-Barrionuevo habría vivido en el distrito de El Bañado, departamento Valle Viejo. Luego se mudaron a Santa Rosa, en el mismo departamento.
Tras cursar los estudios primarios en la Escuela Nacional de la localidad de Villa Dolores, Valle Viejo, ingresó en la Escuela Normal de Adaptación Rural, del distrito de San Isidro. Allí obtuvo el título de Maestra Normal Rural. Desde 1948, por disposición del Poder Ejecutivo Nacional, dicho establecimiento se denomina “Gobernador José Cubas”.
La joven egresada, menuda, espigada, de preciosos ojos verdes, irradiaba bondad y serenidad.
Cuando contaba diecisiete o dieciocho años, su primer destino fue como maestra de plurigrado en la Escuela rural del paraje Los Corrales, departamento El Alto. Elvirita recuerda que, junto a su padre, viajaron en la mensajería, como le llamaban en aquel tiempo a los ómnibus. Ésta los dejó en la cumbre de la cuesta de El Portezuelo. Allí los esperaba un amigo de su progenitor, con las cabalgaduras ensilladas para llevarlos a destino.
La joven maestra jamás había montado a caballo, muy asustada, temía caer del animal. Don Ramón Rosa, para tranquilizar a su hija, bajó del suyo e hizo el trayecto a pie tirando las riendas del equino.
Llegaron a la Escuela rancho, allí no había agua potable ni luz eléctrica. Se alumbraban con velas y cocinaban con leña, mientras que el agua se acarreaba de una acequia. Tanto la directora, como la joven docente, personal única, se alojaban en una pieza de la rústica construcción. En esa época, en las escuelas localizadas en ámbitos rurales, era costumbre el dictado de clases a los niños todos juntos y en la misma aula, desde Primer a Tercer grado. En ese lugar solitario, la señorita Elvirita ejerció durante tres años.
Luego, fue trasladada a Capayán, allí se hospedó junto a otras maestras en una pensión. Los recuerdos se esfuman sobre esa escuela y el tiempo que permaneció.
En 1948, un acontecimiento histórico permanece grabado en su memoria. Evoca lo sucedido. Enseñando en dicha localidad, los docentes llevaron a los niños a la estación de tren de Recreo para ver pasar a Eva Perón, quien iba de visita a Tucumán. Su rostro cubierto de surcos se ilumina, sonríe al evocar a los alumnos agitando banderitas celestes y blancas.
Marilú, su sobrina refiere: Supongo que en los años 1950/1951 pasó a la escuela deEl Bañado. Digo esa fecha porque mi mamá se vino como maestra a Villa La Angostura (Neuquén). La tía Elvira pidió estar cerca de sus padres. Trabajó hasta el 1975, fecha en la cual pasó a la escuela” Wilfrido Rojas” de Santa Rosa, Valle Viejo, donde se jubiló.
En El Bañado, fue muy apreciada y querida por los alumnos, madres y padres, además, muy respetada por sus compañeras y el Directivo.
Elvirita cuenta divertida que, cierta vez en la escuela de El Bañado, quisieron cambiarla de grado. Pero un grupo de madres exigió al Director que la dejaran en cuarto donde estaba. Una señora se dirigió a la autoridad escolar a viva voz: Si la sacan a la señorita Elvira, me tiro al piso del patio y me pongo a gritar. La señorita Elvirita es muy buena maestra, pero sobre todo entiende a los chicos, los aconseja y también les habla de Dios.
Estos fueron los argumentos esgrimidos por la heroica mujer. Y la señorita permaneció en cuarto grado.
Junto a la actividad docente, es digna de mención su vocación de servicio. Se destaca el compromiso en la capilla de Santa Rosa de Lima (hoy en ruinas) de este distrito. Ahí enseñó la doctrina durante muchos años, preparando a los niños para hacer la primera comunión. También formó parte de instituciones religiosas, como la Acción Católica, con Negrita y Gringa Morales, Ignacia Teresita Queca Cano y otras mujeres que no recuerda. Además, integró el grupo de oración del Sagrado Corazón de Jesús, junto a la niña Sabina Erazo, su hermana María Salome Retamozo, doña Sofía Luisa Medina de Figueroa, la niña Nélida OrtensiaMocha Medina, y la señora Corina de Nieva. Así mismo integró la Legión de María.
En mayo de 2004, su sobrina Marilú llevó a Elvirita a Neuquén por chequeos de su salud y hacerla operar de cataratas en sus dos ojos, que la tenían prácticamente ciega. Allá permanece hasta ahora.
Marilú relata: Recuperada la vista, fue a ver ballenas en Puerto Madryn, conoció Bariloche y Villa La Angostura. Estuvo en la escuela donde trabajaron mis padres. Se emocionó cuando vio el libro de actas, ya que una de ellas estaba redactada por su hermana.
En innumerables oportunidades viajamos a Catamarca, la última en octubre de 2016. Le agrada escuchar radio Valle Viejo, sigue las procesiones de la Virgen del Valle por internet, de este modo permanece en contacto con su tierra, a la que añora. Hoy, a los noventa y seis años, es consciente que para su atención, su lugar es aquí junto a nosotros en el sur argentino.
Agradezco a la familia Salas Retamozo por cuidar y mimar con tanto amor y respeto a la entrañable Niña Elvirita, además, por la valiosa información brindada. Mi reconocimiento también a las docentes entrevistadas por los aportes esclarecedores.