La localidad de Villa Dolores, ubicada en el centro del departamento Valle Viejo, se caracteriza por ser una de las zonas más antiguas del Valle Central, de hecho sobre la calle Joaquín Acuña se conservan algunas construcciones que datan de los siglos XVII y XIX. De aquella época quedan huellas atravesadas por un tránsito atestado de colectivos y un ritmo comercial impresionante por lo que muchas de estas edificaciones se ven amenazadas. Allí vivieron escritores, poetas, músicos, políticos; funcionaron alambiques donde se fabricaba el tradicional aguardiente de Valle Viejo; por allí también supo transitar el tranvía a caballo, que fue el primer transporte terrestre que en esos tiempos unía la zona productiva de “Las Chacras” con la ciudad de Catamarca.
Actualmente allí unas pocas casas históricas se resisten al olvido, mientras que otras ya se desplomaron o fueron reemplazadas por construcciones más modernas. Algunas de las que quedan en pie muestran importantes signos de deterioro y se encuentran apuntaladas, a punto de caerse, lo que pone en riesgo a sus moradores y a los que por allí circulan, sin que nadie tome las medidas necesarias para impedir que esto suceda, y otras tantas pasaron a ser ya ruinas o un montículo de tierra.
Quienes residen en estas añosas viviendas comentaron que para mantenerlas necesitan recursos que no están a su alcance y revelaron que nunca ningún organismo realizó un relevamiento, no solamente para conocer el estado de estas construcciones, sino para confeccionar un inventario del riquísimo patrimonio arquitectónico que allí se atesora y que tiende a desaparecer.
Sin embargo, más allá de su importancia patrimonial, hoy ese puñado de casonas no está protegido y se sigue esperando que las autoridades se comprometan en serio y trabajen por la preservación de este patrimonio para que no tengamos que lamentar luego la crónica de la caída de otra de estas reliquias arquitectónicas, aunque ya la mayoría desapareció.
No es la primera vez que se da a conocer la situación de estas casonas. En marzo EL ANCASTI publicó el derrumbe de una vivienda que desde hacía tiempo amenazaba con desplomarse, pero no se hizo nada para impedirlo; también al poco tiempo el municipio de ese departamento tiró abajo una reliquia arquitectónica donde funcionaba una destilería de aguardiente de la familia Isí; otras tantas viviendas no soportaron fenómenos naturales como temblores, tormentas y, de a poco, sus estructuras se fueron deteriorando, en tanto que algunas otras fueron vendidas por sus dueños a comerciantes que luego las reemplazaron por construcciones más modernas.
Gobiernos municipales anteriores, actuales, concejales y hasta algunas organizaciones prometieron conservar este patrimonio, lo que también está establecido en la Carta Orgánica municipal, pero a la fecha no se tomó alguna acción concreta para evitar esto.
PATRIMONIO
En algunas de esas casonas vivieron escritores, poetas, músicos, políticos y funcionaron alambiques donde se fabricaba el tradicional aguardiente del departamento, según indicaron los pobladores.