Rodrigo Inchausti entra al estudio de televisión y en un
primer momento parece apabullado por los estímulos: una sucesión de palabras en
japonés a las que no se les puede adivinar la intención, aplausos, luces,
gritos, pantallas, ruido, la euforia de los japoneses. Pero nada lo distrae. Le
toca cantar y logra el efecto inverso: todos quedan sorprendidos con la
potencia de su voz, con lo bien que pronuncia un idioma que ni conoce y con su
cordialidad ("canto con el alma y con el corazón, y estoy tan feliz de estar en
Japón que solo me nace dar todo de mí”, dice). Lo que sucede antes y después de
ese show consagratorio parece de película, una película que no podría ser otra
que "Perdidos en Tokio”. Este tenor de 36 años que vive en Catamarca acaba de
ganar un reality show en Japón. A pesar de que no habla una palabra en japonés,
se aprendió dos canciones ("Mata au hi made” y "Ozora to daichi no naka de”) y
se consagró como una estrella. "Fue increíble, viví dos semanas soñadas”, dice
a Clarín desde Catamarca, donde vive con su mujer y sus dos hijas.
Pero la historia empieza mucho antes y tiene dos actividades
excluyentes: el karate y el canto. Rodrigo nació en Buenos Aires y se fue a
vivir a Catamarca a los 24 años. Es segundo dan de karate, deporte que practicó
entre los 6 y los 24 años. Lo poco que sabe de japonés lo sabe gracias a este
deporte. La música vino después, aunque quizás siempre estuvo ahí: "Siempre
cantaba, todos los días de mi vida, pero nunca me dediqué. Lo había intentado
muchas veces pero era un perro, no entendía las notas, desafinaba”. A los 27,
mientras atendía un videoclub, puso un DVD de los tres tenores y descubrió que
podía cantar a la par de ellos, como si finalmente algunas fichas interiores se
hubieran acomodado. "En Catamarca no hay muchas academias, así que empecé como
un autodidacta. Grabé tres temas que me aprendí y me invitaron a un festival. Y
ya no paré”, dice. Ahora es parte del grupo "Fra Tenori”, pero también se gana
la vida atendiendo un local de informática.
Para llegar a cantar en Japón, un amigo le habló del
programa "Nodojiman”, uno de los realitys de música más conocidos del Japón. El
desafío es que los participantes canten canciones en japonés. "Para entrar en
el concurso rompí un poco las reglas, porque me pidieron que preparara dos
temas y yo canté "A mi manera”, pero traducidas al japonés. Se ve que les gustó
y me dijeron si podía preparar algún tema que fuera original de Japón”.
Rodrigo logró clasificar a la ronda final del programa y lo
invitaron a Tokio, en donde compitió contra otros once cantantes de todo el
mundo. "Canté por fonética y me elogiaron la pronunciación. La mayoría de mis
rivales hablaba japonés pero igual pude cantar bien. Usé palabras argentinas
para acordarme de la letra. En una parte de la canción decía algo que sonaba
parecido a ‘Lizi Tagliani’. Yo me lo había aprendido así pero cuando empecé a
cantar tenía miedo de confundirme y decir cualquier cosa”.
El programa es uno de los más populares de Japón, pero como
va grabado Rodrigo tuvo que firmar una cláusula de confidencialidad: nadie
podía saber que él era el ganador. Paseaba por las calles de Tokio entre miles
de japoneses con la impunidad de su –todavía– anonimato. Después del concurso,
se alojó en un hotel cápsula y llegó con el enorme trofeo que se había ganado.
"Me lo guardaron atrás de un mostrador porque obviamente no entraba en ningún
lado. Me preguntaron de qué era pero no podía decirles nada. Fue gracioso”,
dice Rodrigo.
Una vez que se emitió el programa, Rodrigo –ya en Catamarca-
tuvo una lluvia de solicitudes en las redes sociales: se había convertido en una
celebridad. Ya lo invitaron para participar en la edición 2017 y piensa empezar
a estudiar japonés. "¿Si se me abrió un mercado? Eso me dijeron, pero iremos
paso por paso. Voy a estudiar y a preparar algunas canciones con más tiempo”,
dice Rodrigo. Una historia de película que tiene final abierto.