El sabor de la riña. En contra de la creencia de que el
bueno siempre gana, finalmente el duelo por el trono de la segunda edición
de Masterchef se lo llevó Alejo Lagouarde. El participante que
desde inicio se mostró implacable en su meta de ser el ganador fue coronado
campeón. "Le puse mucha pimienta, usé humor muy ácido, compañerismo a
full, y por sobre todo, creatividad", destaca ante Tiempo
Argentinocomo los ingredientes que hicieron exitosa su
participación en el ciclo que generó amor y odio entre el público.
Estudiante de Marketing, le faltan tres finales para
recibirse (meta que ya tiene programada cumplir este diciembre), fue un minucioso
estratega delante y detrás de cámaras. "Fui creativo a la hora de
crear mi personaje, a la hora de decir alguna de mis frases célebres y también
en la cocina."
Como competidor jamás pretendió ser el
"elegido de la gente", supo que en la dinámica del juego los que
finalmente eligen a quiénes clasifican para avanzar en cada instancia son los
jueces. Y ellos, Donato de Santis, Germán Martitegui y Christophe
Krywonis, chefs reconocidos, califican los platos. La conquista fundamental
era el sabor, la riña fue su adoso personal para asegurarse espacio en las
promociones y en los comentarios del público. El televidente conoció a Alejo
como concursante, pero nadie probó sus platos. "El Alejo que
conoce el público es puro personaje", manteniendo su trofeo en mano y
su templanza en mode on.
–¿En ningún momento dudaste de que ibas a llegar a la final y ganar?
–Dudé en el plato
de los quesos, con esa propuesta me dije: o es la mejor idea o puede ser una
gran pedorrada. Me la jugué. Y la devolución fue tan dura que pensé "me
puedo ir". Y ahí miré para atrás y me di cuenta de que fui el más
equilibrado en todo el desarrollo del programa. El que menos errores tuvo.
Martín, al menos tres veces, se equivocó y con errores grandes, por los que
tendrían que haberlo expulsado.
–¿Cuál fue el límite de tu personaje? Las caras frente a las devolucones
de tus compañeros fueron verdaderas.
–No. Sabía que la
cámara estaba cerca. Hay dos cosas con la que el personaje no se enganchó: el
cariño hacia mis compañeros siempre fue real, y el respeto y la admiración
hacia los jueces también. Jamás hubo actuación ahí, jamás.
–¿Y la arrogancia?
–La arrogancia
también fue un montaje.
–¿Un montaje por qué?
–Porque si me
mostraba como soy no llegaba ni a un cuarto de programa. Si mostraba mis
emociones verdaderas, no cumplía mi meta. Creo en eso de que si no me la creo
yo, no te la cree nadie. Entonces, lo que hice fue mostrar seguridad. Por ahí
mi mente estaba muy débil, pero tenía que seguir mostrando seguridad porque si
no los de afuera te comen.
–Elba fue una participante con mucha humildad, exhibió sus dudas y
debilidades, y aun así, ganó.
–La primera edición
de Masterchef tuvo un gran problema: ganó más una historia y una personalidad,
y no tanto la cocina. Está perfecto que un cocinero también tiene que ser buena
persona. Las habilidades que no tenés en la cocina, las podés adquirir.
–¿La lasagna y la sopa de maní de Elba no son buenos platos?
–Sí, son buenos
platos. Probé la sopa y me gustó muchísimo. Es algo que no estoy acostumbrado a
comer.
–¿Entonces por qué decís que fue la historia y no la cocina? ¿Qué le
falta a Elba?
–Fue un mix. Creo
que Elba aprendió muchísimo, la humildad que tuvo la hizo permeable a acceder
al conocimiento que adquirió.
–¿Querés ser un cocinero célebre?
–Me encantaría ser
un cocinero célebre. Desde el primer casting expresé que mi sueño es tener un
programa de cocina donde pueda cambiar la forma de cocinar de la gente,
demostrar que con los mismos ingredientes y hasta gastando poco se pueden hacer
diez mil veces mejor. Mi sueño es poder enseñarles a los comedores escolares, y
a los comedores comunitarios y a las amas de casa o a quienes viven solos, a
cocinar comida más rica, nutritiva y sana. El argentino no sabe cocinar, cae
siempre en el bife y la papa.
Premiado y agasajado
Alejo se llevó el
trofeo, el título, la fama pero también, la plata: $ 350 mil, la publicación de
su libro de recetas y una beca de un año la escuela de cocina Maussi Sebess.
Para ver el programa final que tuvo un rating de 19,5, según Ibope. Alejo
invitó a los concursantes a su casa. "Estaban todos invitados."
–¿Pero Martín no fue?
–No, no vino pero
por un tema de cercanía. Porque vive en La Plata. Con los chicos de Masterchef
nos juntamos cada semana una o dos veces, estuvimos ayudando a Fundación Sí. Es
algo que quiero seguir haciendo.
Venderse ganador
Horas antes de emitirse el programa de la final, Alejo lanzó su canal de
Youtube (Cocinando con Alejo), durante toda la competencia repitió por redes
sociales algunas de sus frases provocadoras: "Hoy no soy Alejo Lagouarde,
sino Alejo equilibrio2, o "En un hombro tengo a Alejo Bueno y en el otro a
Alejo Malo" que, aunque jura y perjura que fueron pensamientos
improvisados, mucha de sus aseveraciones tuvieron y tienen gustito a slogan.
–¿La idea de estudiar Marketing fue para aplicarlo a vos mismo?
–Siempre. A mí y a
la cocina, el marketing se puede aplicar a todos los aspectos, lo aprendí en
Masterchef.Estamos en un reality, cualquier persona no puede participar, por
más que sepa cortar cebolla.
–¿Dónde aprendiste a cocinar?
–Es muy rara porque
en mi familia no cocina nadie. Lo primero que hice a los ocho años fue pan. Le
pregunté a mi mamá cómo se hacía y me dijo harina y agua. Eso hice, fue un
engrudo, salió una piedra.