Jorge Lanata dijo que Florencia de la V "es travesti y no mujer" y "es padre y no madre" y la actriz, muy dolida, le respondió en Intrusos. Luego el periodista reafirmó sus dichos y ahora Florencia decidió dedicarle una carta abierta para explicar su visión del tema.
A continuación, la carta que escribió Flor de la V:
Como
en otras ocasiones en que lo consideré necesario, esta vez voy a ocupar
el contenido de esta columna, que casi siempre transita por el humor,
para compartir con ustedes algunas reflexiones sobre cuestiones que son,
creo, de suma importancia no solo para mí sino para toda la sociedad.
Como
ya todos saben, hace unos días, sin nada que lo justificara (creo que
el tema que estaban tratando en su programa de radio era los modos de
sexualidad que propone facebook a sus usuarios), Jorge Lanata tuvo para
conmigo expresiones de extrema crueldad. Sabido es que, por razones de
simpatías o no con la actual gestión, Lanata y yo estamos en veredas
diferentes, pero sinceramente no esperaba semejante desfile de
comentarios del peor contenido reaccionario. Menos aún los esperaba de
alguien que, más allá de su inexplicable y sospechoso giro en materia
ideológica, sigue siendo una referencia importante como comunicador y un
formador de opinión de indiscutible influencia masiva. Lo primero que
tengo para decir al respecto tiene que ver con una sensación que espero
sea solo eso y no algo potencialmente más grave. Resulta curioso,
paradójico y especialmente alarmante, que justo una semana después de la
noticia que nos acarició el alma a todos (hablo de la recuperación de
Guido-Ignacio, el nieto de Estela), los medios se poblaran con tres
muestras de intolerancia de esas que, como diría la inolvidable María
Elena Walsh, "Hacen retroceder a la humanidad en cuatro patas". Primero
fue la pavorosa reflexión de Silvia D`auro respecto de la "tendencia que
tienen los chicos adoptados a robar", luego fue el comentario de un
relator, quien a viva voz trató a Teo Gutiérrez de "negro de mierda", y
enseguida el mencionado monólogo medieval de Lanata, quien palabras más
palabras menos dijo que yo soy "Un trava con documento de mujer...y que
en tal caso no soy mamá sino papá de mis hijos...". Si sumamos estas
tres expresiones, no es de paranoicos sospechar que hay mucha gente que
todavía procesa la realidad con categorías de pensamiento bien alejadas
de las ideas de inclusión, diversidad y tolerancia.
Vamos
ahora al nudo de la cuestión. Me he propuesto antes de sentarme a
escribir esto no caer en la tentación de descalificar, ofender o
expulsar del debate a quienes me atacan. Justamente lo que quiero es
evitar una costumbre que últimamente viene potenciando Lanata, quien a
segundos de iniciar una argumentación empieza a poblar su discurso con
calificativos como "imbéciles", ¨pelotudos", "tarados" y otros términos
que expulsan a cualquier oponente de un debate serio y adulto. Yo no
pienso que Lanata sea ninguna de esas cosas, por el contrario, lo creo
un hombre sumamente inteligente, lúcido, y es justamente en virtud de
esto que me preocupa que de golpe salgan de su boca expresiones que una
suponen son el producto del menos reflexivo de los prejuicios sociales.
No
ha sido fácil mi vida, ya lo he dicho miles de veces. Y esta actualidad
que me encuentra plena, reconocida como esposa, mujer y madre no es un
éxito mío; es una conquista social que se tradujo en un dispositivo
jurídico del estado. Primero, entonces, para que quede bien en claro:
cuando Lanata me ataca me está atacando ilegalmente, porque mal que le
pese las leyes protegen mi visión de las cosas y no la de él. Me parece
de suma importancia esta primera cuestión, porque Lanata es de los
tantos que admiran "en abstracto" cómo funcionan las leyes en los países
desarrollados, pero luego "en concreto" se cree con derecho a pasar por
encima de la ley cuando a su opinión se le antoja.
De
todos modos lo más preocupante no es qué dice Lanata sino cómo, porque
es en el cómo donde se juegan otros sentidos, que van más allá de una
posición tomada. Lanata podría decir que no está de acuerdo con que a
personas como yo se las considere jurídicamente mujeres. Por supuesto
que no coincido con eso, pero claro que es respetable si realmente
piensa o cree eso (¿o acaso ustedes creen que yo misma no he tenido
contradicciones y vaivenes en la precepción de mi situación?... No es
sencillo ser lo que la mayoría no es...). Pero lo que hiere
gratuitamente son las maneras, y especialmente los ejemplos que utiliza
Lanata para descalificar. Veamos especialmente uno de ellos: Lanata dice
"Entonces si yo me creo Napoleón y digo que nací en Córcega el estado
tiene que reconocer eso...". Epa...qué golpe bajo... ¿Desconoce Lanata,
intelectual como es, que el ejemplo de Napoleón ha sido usado para
graficar algunas de las formas más extremas de la demencia? ¿A cuánto
estamos de decir entonces que las personas como yo somos enfermos? ¿Esta
es la reflexión más profunda que se le ocurre a alguien que hasta no
hace mucho era considerado un intelectual progresista?
Querido
Jorge, cuando yo era chica jugaba a ser Rafaella Carrá, pero jamás se
me ocurrió pedir que el estado me dé un documento donde diga que lo soy,
y me permito sospechar que el congreso de un país no votaría a favor de
reconocer como "Napoleón Bonaparte" a quienes crean serlo. La noción de
identidad de género es una idea compleja, discutible desde luego, pero
es una idea, no es un mamarracho que pueda ser reducido al absurdo en un
programa de radio mientras todo el mundo festeja cómo humillás
gratuitamente a un ser humano. Por suerte, cuando mis hijos me abrazan
sienten que abrazan a una mamá y no al emperador de Francia.
Hace
poco, en uno de los habituales raptos de egomanía que tenés, miraste a
cámara en tu programa de TV y dijiste a tu fiel audiencia: "Ustedes no
saben lo que es ser yo...me gustaría que fueran yo por unos días para
que vean contra todo lo que tengo que luchar...". Vos no sabés, Jorge,
lo difícil que ha sido ser yo, lo que tuve que luchar y lo feliz que soy
por poder haber cerrado el círculo de mis inseguridades, de los
prejuicios sociales, de la incertidumbre que supone estar fuera de la
ley y, sobre todo, de la aceptación social.
¿Necesitás
que sea yo misma quien diga que soy un hombre con documento de mujer,
que soy papá y no mamá, que soy trava? ¿Te dejaría más tranquilo eso?
¿Te haría sentir, como en la edad media, que mi confesión sería
purificadora? ¿Dejarías de calificar tan livianamente a todos de
estúpidos, locos, delirantes e imbéciles? ¿Querés que queme mi DNI como
acto de expiación?
Tal
vez te resulte extraño e incompresible que yo tenga derecho a cambiar
lo que según vos no debe cambiarse. Más extraño e incomprensible nos
resulta a todos, Jorge, cómo has cambiado vos...".