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“La Mona” Jiménez copó la “Próspero Molina”

El ídolo cuartetero regresó al festival 24 años después de aquella frustrada actuación de 1998.
25 de enero de 2012 - 00:00
El cuartetero Carlos `La Mona` Jiménez, expulsado del Festival de Folclore de Cosquín hace 24 años, regresó en la madrugada de ayer como el mayor estandarte del mismo espacio que lo había prohibido y, en esa condición, lideró un ritual bailable que conmovió a una repleta plaza Próspero Molina.



Jiménez, a los 61 años, llevó por tercera vez el cuarteto al mayor escenario de raíz folclórica del país y se redimió de su frustrada actuación de 1988, donde logró cantar cuatro temas antes de que la plaza se desbordara por los disturbios. Aquello terminó en suspensión, heridos y la proscripción de `La Mona`.



La extensa condena de Jiménez obedeció a aquel desenlace más que a alguna plausible objeción, acaso natural, sobre el hábil vínculo entre el cuarteto con los más antiguos ritmos y acentos musicales que anidaron en la provincia Córdoba.



No fue Jiménez, sin embargo, el precursor del cuarteto en el territorio festivalero. En 1987, el año previo a los disturbios del recital de La Mona, Cosquín había albergado al Cuarteto Leo, que sentó las bases para la llegada de Jiménez al año siguiente.



La Mona subió al escenario de Cosquín a las tres de la madrugada, en una plaza reforzada en sus medidas de seguridad, y con el prólogo musical de Los Cuatro de Córdoba, la formación que intentó, sin éxito, el retorno de Jiménez -en calidad de invitado- en 2000.



Jiménez, vestido con un poncho, acompañó primero a Los Cuatro de Córdoba para entonar, a su modo, Zamba de Alberdi y Amándote mientras el público -bien diferente del habitual de Cosquín- se desgañitaba por demostrar su adhesión.



Luego, ya sin los folcloristas en el escenario, empezó la fiesta cuartetera. Jiménez, ahora vestido con musculosa, retomó ¿Quién se ha tomado todo el vino?, la canción que había quedado inconclusa en aquella noche de enero de 1988.



Después ya todo se desarrolló con naturalidad y con el vértigo de cualquier recital de La Mona que, con 82 discos editados y presentaciones todos los fines de semana, tiene un innegable oficio para conducir los climas de una noche de festival.



Jiménez cumplió con las expectativas de sus seguidores y les entregó en dosis clásicos como Taxi taxi, El marginal o Beso a beso en una hora y cuarenta minutos de show.
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