7 de febrero de 2008 - 00:00
Los incombustibles Rolling Stones elevan la Berlinale a la pura “Satisfaction”
"Tratamos de estar lo más cerca posible de un concierto sin llegar a ser un incordio", enfatizó Scorsese.
“Shine a Light” no es ni un concierto filmado ni un documental al uso, tejido con las piezas más emblemáticas de la banda salpicadas por declaraciones de sus héroes. Es un film con un lenguaje propio, en el que Scorsese sabe dar a cada plano un toque mágico.
La cámara recorre cada arruga, vena, arteria y fibra de Jagger, convertido en una categoría humana propia ante la que sólo cabe la pregunta de cómo puede sobrevivir a sus conciertos.
Keith Richards, con su permanente aspecto de acabar de caer del cocotero; Ronnie Wood, alter-ego o imitación del anterior, y el monosilábico Charlie Watts, incapaz de hilar una frase completa, son sus comparsas en un universo con Jagger como único astro rey. Ese mismo cometido cumplieron ante la prensa de la Berlinale.
El núcleo de las imágenes salen de un concierto exclusivo -2.800 plazas- en el Beacon Theater de Nueva York, en 2006, con el ex-presidente Bill Clinton en el papel de "telonero" de los Stones, presentando la actuación como una gala contra el cambio climático.
Un par de toques maestros de Scorsese retratan la ironía del conjunto. Desde Richard saludando cortesmente a la madre de Hillary Clinton, a las niñas bien, apelotonadas ante el escenario, rendidas a cada brinco de las caderas de alfeñique de Jagger.
En el mismo tono se intercala un dúo con Christina Aguilera, aguantando el empaque de Jagger sobre unos tacones "alámbricos" de equilibrio imposible, o el mismo Scorsese, preguntándose si es cierto que el líder de los Stones puede arder si se le coloca bajo los focos.
Con la periodicidad justa para no aburrir ni romper las piezas, Scorsese incorpora impagables escenas de archivo, con Jagger o Richard jovencitos y explicando a ciertos guardianes de la moral que no son anarquistas drogadictos.
Por momentos, el espectador se siente ante el concierto como amputado en su butaca, envidioso de las niñas que sacan fotos con el móvil al dios Stone. Luego se consuela ante la evidencia de que está ante un lenguaje distinto, el cine, y que en un concierto jamás ha estado tan cerca de cada requiebro de piel de Jagger.
En directo o de archivo, “Shine A Light” muestra a un Jagger sexy como nunca. Tanto en los primeros años de la banda, cuando suelta casi mesiánico que a los 60 piensa seguir en lo mismo, y también superadas ya todas esas décadas.
Jagger se exhibe como el órgano vital que es, mientras Richard muestra maltrechos bíceps y antebrazos, por los que habrán pasado muchas cosas, pero no precisamente fibra.
La constelación de los Stones, al completo, Scorsese y el producto final, “Shine A Light”, convirtió la apertura de la Berlinale en acontecimiento histórico.
Un privilegio también para el director de la Berlinale, Dieter Kosslick, que desde luego no tendrá que explicar a qué viene colocar un documental musical para abrir un festival de cine, por supuesto fuera de concurso. Por pura “Satisfaction”.
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