Lionel Messi no pudo contener las lágrimas tras el pitazo final que decretó el triunfo por 3 a 2 de la Selección argentina ante Egipto por los octavos de final del Mundial 2026. El capitán había tenido un primer tiempo deslucido, con un penal malogrado que pudo haber representado el empate transitorio. Además, se trató de un partido cargado de emociones ya que pudo haber sido su último encuentro con la Albiceleste, al mismo tiempo que su padre continúa en estado de salud delicado. El rendimiento del rosarino tuvo altibajos. Comenzó con un rol protagónico, distribuyendo el juego entre sus compañeros, pero a partir del penal atajado por el arquero egipcio a los 20 minutos, se fue desdibujando. Cada vez que tomaba la pelota, no menos de tres rivales buscaban asfixiarlo e impedirle tirar destellos de su habitual magia.
El llanto desconsolado de Messi tras la increíble remontada de la selección argentina ante Egipto
La Selección perdía por dos goles a 20 minutos del final del partido. Reaccionó a tiempo, lo dio vuelta 3-2 y se metió en cuartos de final.
Así, se vio a un Messi apagado, que lucía impotente ante una defensa que cada vez ganaba en confianza. Ante esto, comenzó a recostarse sobre el lado derecho, como en su época de oro en Barcelona, para generar desde allí el desequilibrio y armar juego para sus compañeros. Y vaya si funcionó. Tras el descuento del Cuti Romero, cuando la situación seguía siendo apremiante, perdiendo por un gol y con la desesperada necesidad de empatar, el capitán sacó pecho y se puso el equipo al hombro para marcar el 2 a 2 y soñar con poder ganarlo antes de los 90. En esa andanada de la Selección argentina, con la artillería pesada apuntando al arco que defendía Mostafa Shobeir, a Leo le quedó un rebote en el área a los 83 minutos y sacó un implacable latigazo de zurda, imposible para el arquero, para agigantar la ilusión de un equipo que, a pesar de los golpes, nunca dejó de buscar.
El desahogo del festejo del segundo tanto del equipo fue más que ilustrativo de la tensión que se alojaba en el cuerpo de Messi, de la vibrante algarabía de haber logrado el gol después de intentar e intentar sin rendirse. Luego, llegó el gol de Enzo Fernández para ponerle la firma al triunfo. Esas emociones, un torbellino que incluía la desazón por el penal marrado, la angustia por lo que pudo haber sido el último partido en un mundial, la ansiedad por la situación familiar y la alegría contenida por el agónico triunfo, derribaron el dique que las contenía y provocaron que el capitán estalle en lágrimas tras el pitazo final.