miércoles 1 de abril de 2026
Editorial

Varones tras el mandato social

Muy lejos en el tiempo ha quedado la percepción de que los trastornos de tipo alimentario afectan solo a las mujeres de cierta edad, por lo general adolescentes o jóvenes. Es cierto que la presión social actúa de manera más directa en las mujeres de ese grupo etario a través del planteamiento de cierta figura del cuerpo femenino como estereotipo, pero aunque no tengan la misma intensidad en el mandato social, también a los hombres se les presentan representaciones que funcionan como modelo a seguir.

En los últimos años, como consecuencia de este fenómeno, se han multiplicado los casos de trastornos alimentarios o vinculados a las características corporales entre hombres, particularmente, como en el caso de las mujeres, jóvenes y adolescentes, pero también niños. Que no sean tan visibles no significan que sean pocos. Por vergüenza, por pudor o porque no hay conciencia cabal todavía de que se trata de un trastorno, los varones consultan mucho menos que las mujeres a un profesional para empezar tratamientos que den respuestas al problema.

El principal trastorno referido a la imagen de los cuerpos entre los varones es lo que se denomina vigorexia o trastorno dismórfico muscular, que es la obsesión por tener masa muscular. Se convierte en trastorno la medida en que se convierte en una obsesión, al punto de que aún logrando un cuerpo tonificado o con una masa muscular superior al promedio, el hombre se sigue percibiendo como una persona débil. Y recurre, entonces, al consumo de hormonas, suplementos, esteroides y anabólicos, alterando la conducta alimentaria y poniendo en riesgo, en algunos casos de manera grave, la propia salud.

Hay otros trastornos alimentarios en la población masculina que cada vez se observan con mayor frecuencia: los más clásicos como la bulimia, la anorexia y últimamente también la ortorexia, que es la tendencia extrema a comer saludable. En este último caso, no se puede poner en discusión que es muy bueno comer de manera saludable. El problema es cuando se transforma en una obsesión, que tiene impacto negativo en la salud mental y, si no hay un acompañamiento de una persona especialista en nutrición, la dieta puede tener carencias nutricionales que afecten también la salud física.

Los especialistas coinciden en que debe haber dos tipos de abordaje del problema. Por un lado, la educación alimentaria, que debe ser accesible a los chicos y chicas desde la escuela primaria, para que aprendan a comer de manera saludable y a detectar cuando se está en presencia de trastornos. Pero también debe desarrollarse una postura crítica respecto de los mensajes que se hacen circular, sobre todo a través de redes sociales, planteando como modelos cuerpos “perfectos” y fustigando a quienes están lejos de ese ideal, lo que conlleva sufrimiento en los destinatarios de esas ofensas y la adopción, en algunos casos, de comportamientos obsesivos.n

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