Como se suele sostener habitualmente, la tecnología no es ni buena ni mala en sí misma; todo depende el uso que se le dé. La tecnología aplicada a la educación ha significado por lo general aportes muy importantes. El desarrollo vertiginoso de la Inteligencia Artificial plantea ahora nuevos desafíos respecto de los procesos de aprendizaje.
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Uso de la IA en la educación: dilemas y desafíos
Antes del auge de la IA, ya la aparición de internet y la herramienta de los buscadores habían abierto interrogantes similares. El recurso del “copie y pegue” de textos encontrados en la web facilita la tarea de los estudiantes y complica la de los docentes, que tienen dificultades para determinar si los alumnos realmente trabajaron en función de la experiencia del aprendizaje o simplemente “robaron” lo escrito por otras personas.
La irrupción de la IA y del ChatGPT multiplica de manera exponencial este riesgo. Apelar a ella como herramienta de aprendizaje puede ser de una enorme ventaja, pero recurrir a ella como mecanismo de “trampa” para obtener contenidos que tal ni siguiera comprendan, tiene un efecto contrario. Ese uso no promueve el desarrollo de las capacidades y competencias de reflexión crítica a los fines de resolver problemas, que son fundamentales en el proceso educativo y también en la vida de las personas. Además, según se ha comprobado, el mencionado robot suele incurrir en numerosos errores que solo pueden detectar quienes conocen de la materia sobre la que se indaga.
La clave parece ser integrar a las experiencias de IA de un modo progresivo y controlado, del mismo modo que fueron integrados otros avances tecnológicos cuestionados en su momento, como la calculadora (que se pensaba iba a anular la capacidad de los estudiantes de realizar operaciones matemáticas, o incluso los procesadores de texto, que aportan su propio corrector automático.
La incorporación de la tecnología en la educación, plantean los expertos, implica necesariamente transformaciones en la educación. Pero al mismo tiempo vuelve el foco sobre interrogantes de vieja data: ¿la escuela educa para que los alumnos repitan contenidos de memoria según criterios de enseñanza enciclopédicos o la escuela educa para una interpretación consciente y crítica de los contenidos?
La segunda de las opciones, que es la que ha logrado imponerse, aunque persistan procesos educativos verticalistas y unidireccionales hegemónicos en otras épocas, resulta propicia para asimilar a la IA como herramienta que potencie el aprendizaje.
Carina Cabo, doctora en Ciencias de la Educación y profesora de Filosofía, resume de un modo muy didáctico cómo abordar e intentar resolver los dilemas planteados: “No es necesario temerle a la tecnología si sabemos cómo advertir plagios, como descubrir si ‘copian y pegan’, pero primordialmente si fomentamos múltiples habilidades cognitivas que permitan a los estudiantes analizar, sintetizar, formular y verificar hipótesis, proponer conjeturas, interrogar, desarrollar el pensamiento crítico e imaginar. No es necesario temerle a la tecnología si fomentamos ser cada vez más humanos. Y la escuela tiene mucho que ver con eso. Es un gran desafío, pero fundamentalmente, una imperiosa necesidad”.