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COLECCIÓN SADE

Urdimbre de alegría, nostalgia de mujeres antiguas y un perpetuo retorno a los cerros de atrás en la poesía de Graciela Pernasetti

16 de junio de 2026 - 23:36

Vanina Reinoso

Graciela Pernasetti nació en Belén, Catamarca y llegó a la poesía “sol alto”, como dice ella en una entrevista que nos concedió. Es decir, medio tarde. Así el yo lírico se lo confiesa a su madre en estos versos:

Meneca

Ahora, sol alto

recién es mía la poesía.

(Pernasetti, 2011, p. 17)

Sol Alto se denomina uno de los libros que aquí abordaremos y que fue publicado en 2011 por Ediciones del Dock. Por su parte, el poemario Tanagras que también contemplaremos en este análisis toma su título de las estatuillas de terracota de la antigua Grecia. Esta obra fue presentada en 2024 por la Editorial El Guadal en el marco de la colección Chinitas.

La lectura de los versos de Pernasetti nos lleva a sus cerros de atrás, a su Belén natal y a las mujeres que allí existieron:

Las del cerro de atrás

Crían puyos

urden hijos

hilan destinos

escardan coplas

Hacen cadejos de penas

Traman vidas

tiñen arcoíris

tuercen amaneceres

tizan historias

Con el uso bailando

entibian lana y ternura

con la pala

sueños golpian

Belén es la tierra que recupera el yo lírico a partir de la nostalgia, de la alegría y del recuerdo de la niñez y de la adolescencia. También, trae a través de la escritura las pailas, los telares, los funerales, el dulce de membrillo, las fiestas y tantos elementos más de su pueblo que cobran fuerza lírica en sus páginas. Belén en este corpus literario es sinónimo de poncho y la escritora da cuenta de esta influencia en su poética en la que construye un campo semántico relacionado con el tejido. De esta forma, en sus libros encontramos, entre otros, estos vocablos: uso, muyuna, cadejos, hilos, hilan, ovillos, trama, urdimbre, puyos, urden, tiñen, tizan, lana, escardan. Graciela construye con lana y con palabras sus poemas.

Además, este espacio, Belén, se presenta a partir de un contraste marcado entre el pasado y el presente. Así, en Sol Alto en el poema “El regreso del poeta” advertimos cómo todo ha cambiado y que sus recuerdos impactan contra los nuevos tiempos:

Belén a mitad del camino […]

del sentido y de la nada

La cueca ya no es cueca

la belicha no toma chicha

y el mote está sin picante

La tierra está vacía

las casas no tienen viñas

en los patios ya no hay sombra […]

Ya no es rojo el pimentón

ya no huele a comino

ya no perfuma el anís […]

Los morteros ya no están

ni el maíz

ni las mujeres.

Otra línea temática que observamos en la poesía de Pernasetti es la alegría. Esta está en los colores de los hilos de las tejedoras, en las risas y en los bailes de su pueblo. En Sol Alto, en el texto Famaiwil, la voz lírica dice:

Bailen ovillitos

bailen

en jarro descascarao

[…]

Vení cuma

vení a la minga

que no me salga chesche

lo quiero de colores

p’ alegrar la vida

chaast.

¡Bailen ovillitos

bailen!

El baile, la naturaleza, los colores cubren las actividades cotidianas que se realizan con júbilo. El yo lírico valora la alegría y existe alegre.

Alegría

La alegría

es como las hojas de un árbol

que bailan antes de dejarse caer

Como un mantel colorado

que se mueve al ritmo de la charla

La alegría es como un ramo de flores

que pertenece a todos

Pero la alegría, por sobre todas las cosas, es Meneca, su madre. De ella mamó la actitud de celebrar la vida.

En la entrevista que le realizamos a la poeta nos manifestó que su mamá era alegre y desafiaba algunos mandatos epocales, por ejemplo, “usaba pantalones cuando nadie más usaba y manejaba” y en Sol Alto la voz lírica dice de ella:

Vidalita

Su vida terminó

y otra vida, sin ella

recomienza.

Meneca

sinceridad sin concesiones

afán de beber la vida hasta el final,

la vida como albricia

como descubrimiento

como juego

donde se crea y se inventa.

Mamá linda

salta la cuerda con pollera tableada

juega a la rayuela

[…]

Y vivieron felices

comiendo perdices

[…]

Como las crecientes del río Belén

desbordabas límites desde la trinchera

de la biblioteca popular.

En la comparación con la creciente del río el yo lírico nos presenta a la mujer firme, segura, rebelde y adelantada a su tiempo que cumplió con determinación su rol de directora de la biblioteca popular de Belén.

En Tanagras (2024) la alegría es revolucionaria y también, es sinónimo de cultura. Así lo observamos en el epígrafe de Sandor Márai que elige para introducir el Capítulo I:

¡Imagínate, un pueblo que vive con alegría! Y esa alegría es la cultura.

Además, y por sobre todas las cosas la alegría está en Belén, en sus olores, en sus fiestas, en sus costumbres, en sus tradiciones, en su gente y en la poesía.

Y la alegría es revolucionaria:

Luchar por la propia felicidad es un acto

revolucionario de la mujer

Reírse a carcajadas,

comer algo rico

[…]

Sólo levantando la cabeza se puede mirar el cielo

Por otra parte, tanto en Sol Alto como en Tanagras las mujeres pululan en sus versos. Su poesía inmortalizó a quienes escuchó, miró y admiró mientras fue niña y adolescente. En su lírica caminan, también, las que soportaron la pobreza y además con voz comprometida se nombra a las que sufrieron violencia de género o fueron desaparecidas en los capítulos más oscuros de la última dictadura militar de nuestro país. Nancy, Anamaría, Rosario, Adelaida, Elina, Elena, Dalinda, Martina, Anastasia entre tantas otras serán recordadas por siempre en este mundo de papel creado por un yo lírico nostálgico y agradecido de haber conocido sus historias y su fortaleza de mujeres curtidas, en su mayoría, por el árido clima del oeste catamarqueño.

Ellas las que saben

de sabores encontrados

en el fin de caminos azarosos.

[…]

Amas y esclavas

plumas y cadenas

hambre y sed.

[…]

Las fértiles

las yermas

las gozosas, las ardientes,

las que parecen de hielo.

[…]

las que se olvidaron de ser ellas,

pero que aún esperan.

La poética de Pernasetti está construida en el marco de un entramado de tejedoras, de ancianas y de jóvenes recuperadas a través del amor, de la nostalgia y de una pluma aguda y sensible. También, la alegría es crucial en su obra tal vez porque no sabe existir de otra forma. La alegría es sinónimo de su madre, de las fiestas del pueblo, de las mujeres de antaño, de la vida en su inmensidad. En síntesis, la poesía de Graciela está caldeada entre cerros, hilos, telares, dulce de membrillo y matronas antiguas. Y por sobre todas las cosas Belén es el locus omnipresente en la creación lírica de la poeta y quien ingrese a sus páginas podrá respirar el aire imperecedero del oeste catamarqueño.

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