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Editorial

Una situación explosiva

12 de mayo de 2026 - 00:10

La reciente readecuación presupuestaria impulsada por el Poder Ejecutivo nacional vuelve a colocar a la salud pública en el centro del ajuste. La reducción de partidas destinadas a medicamentos, tratamientos oncológicos, prevención de enfermedades y organismos estratégicos como el INCUCAI y el Instituto Malbrán representa aproximadamente 63.000 millones de pesos menos para un área particularmente sensible.

El argumento oficial sostiene que la caída de los ingresos obliga a profundizar el ajuste para sostener el superávit fiscal. Pero incluso aceptando la necesidad de ordenar las cuentas públicas, resulta difícil comprender que la variable elegida vuelva a ser la salud.

Dentro de este nuevo esquema de recortes existe un capítulo especialmente grave para las provincias, y particularmente para Catamarca: la reducción de 25.000 millones de pesos en las partidas destinadas al “Fortalecimiento de los Sistemas Provinciales de Salud”. Esta decisión tendrá consecuencias concretas sobre hospitales, centros de atención, provisión de insumos, infraestructura y capacidad de respuesta sanitaria en distritos que ya enfrentan severas limitaciones presupuestarias.

Ninguna sociedad puede sostener indefinidamente un esquema en el que el ajuste recae sobre derechos esenciales mientras se deterioran las condiciones sociales generales. Ninguna sociedad puede sostener indefinidamente un esquema en el que el ajuste recae sobre derechos esenciales mientras se deterioran las condiciones sociales generales.

La preocupación se vuelve todavía mayor cuando se observa el contexto social en el que se produce este ajuste. El sistema público de salud atraviesa una situación de fuerte sobrecarga como consecuencia directa del deterioro económico y laboral. En los últimos dos años se perdieron 206.000 puestos de trabajo registrado. Quienes quedaron desempleados debieron abandonar sus obras sociales y acudir inevitablemente a los hospitales públicos. Algo similar sucede con numerosos sectores medios que, frente al incremento constante de las cuotas, se vieron obligados a renunciar a las empresas de medicina prepaga.

Es decir, el Estado nacional decide recortar recursos precisamente en el momento en que más personas dependen del sistema público para atenderse.

Los datos sociales confirman además la magnitud del problema. Un informe del Instituto Argentina Grande, elaborado sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC correspondiente al segundo semestre de 2025, señala que casi cinco de cada diez chicos en el país no tienen obra social ni prepaga y dependen exclusivamente de la salud pública. Son 3,6 millones de menores de 18 años. El porcentaje -45%- constituye el nivel más alto registrado desde que existen estadísticas sobre cobertura médica infantil en la Argentina.

El dato resulta demoledor porque expone una realidad que desmiente cualquier intento de minimizar el problema. La salud pública ya no es únicamente el refugio de los sectores históricamente vulnerables, sino que se ha convertido en la única alternativa para una porción creciente de la clase media empobrecida.

La política económica necesita equilibrio y racionalidad, pero también prioridades humanas. Ninguna sociedad puede sostener indefinidamente un esquema en el que el ajuste recae sobre derechos esenciales mientras se deterioran las condiciones sociales generales. Los continuos recortes presupuestarios en salud están configurando una situación explosiva, con potenciales consecuencias sanitarias y sociales muy negativas a mediano plazo.

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