miércoles 1 de abril de 2026
Editorial

Una regulación eficaz y de aplicación obligatoria

Son cada vez más las investigaciones que dan cuenta del impacto negativo de los agroquímicos utilizados sin los debidos controles en la salud de las personas y de los animales de los territorios donde son usados con frecuencia. Las organizaciones ecologistas vienen dando una dura batalla contra ellos tanto a nivel mundial como local, pero a los argumentos esgrimidos por aquellas se le oponen las de las empresas que los elaboran, que niegan tales incidencias negativas, o al menos las minimizan.

El Estado argentino, provincias y municipios tienen una participación acotada en la controversia. Si bien hay regulaciones en el uso de agroquímicos, éstos son permisivos y más bien ambiguos en lo que respecta a los controles que deben establecerse.

Un trabajo recientemente elaborado por técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) es uno de los primeros documentos donde un organismo especializado aborda el controvertido tema con profundidad. Si bien el estudio no rechaza el uso de agroquímicos, argumentando que la necesidad de producir alimentos en grandes cantidades impide prescindir de ellos, también formula algunas advertencias. “La agricultura argentina no puede prescindir completamente de los productos fitosanitarios sin poner en riesgo el volumen y la calidad de la producción”. Se estima que los rendimientos se reducirían entre un 19 y un 42%, dependiendo del cultivo.

Pero tras ese primer guiño favorable, el INTA señala que es imprescindible que esa producción sea sustentable. Y para lograr ese objetivo proponen como alternativas el uso de variedades resistentes a plagas, la rotación de cultivos y el manejo integrado de plagas.

Las organizaciones ecologistas postulan como opción a la agricultura intensiva que apela a los agroquímicos, a la agricultura orgánica. Para la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la agricultura orgánica “es un sistema de producción que trata de utilizar al máximo los recursos de la finca, dándole énfasis a la fertilidad del suelo y la actividad biológica y al mismo tiempo, a minimizar el uso de los recursos no renovables y no utilizar fertilizantes y plaguicidas sintéticos para proteger el medio ambiente y la salud humana. La agricultura orgánica involucra mucho más que no usar agroquímicos”.

En la problemática se cruzan fuertes intereses comerciales, que interactúan con argumentos atendibles. De modo que resulta necesario que en el país se elabore, siguiendo antecedentes que ya obran en las legislaciones de varios países del mundo, una regulación eficaz y de aplicación obligatoria, no para prohibir el uso de los agroquímicos, que sirven también para mejorar la producción y evitar las plagas que la dañan, sino para establecer controles que impidan la afectación de la salud de las personas y de la fauna autóctona del territorio donde se utilizan.

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