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Editorial

Una prohibición solo para los papeles

9 de noviembre de 2022 - 01:10

La ministra de Educación, Andrea Centurión, emitió una resolución por la que prohíbe la utilización de teléfonos celulares y otros dispositivos tecnológicos en las aulas. La decisión había sido tomada para una situación particular ocurrida en la Escuela Secundaria N° 6, Juan Chelemín y luego se hizo extensiva al resto de los establecimientos. La medida está cargada de buenas intenciones, como evitar distracciones en clases. Sin embargo, podría significar un retroceso que va en contrasentido a la decisión de incorporar las nuevas tecnologías en el aula. Además, podría ser aplicable para el nivel primario, pero no sería adecuado para el secundario.

La resolución señala que el uso de los celulares “provoca numerosas disfunciones incompatibles con la mejora del clima escolar; permitiendo su prohibición garantizar un entorno que favorezca la concentración y la disciplina”, al citar una nota de la Dirección Provincial de Mediación Escolar que intervino en la escuela Juan Chelemín.

“Es de suma importancia fomentar los espacios de encuentro y escucha entre el educador y el educando para facilitar un clima de mayor contención y asistencia que los convoque”, agrega y añade la importancia de proteger a los estudiantes de situaciones de riesgo como el ciberacoso o el cibersexismo, así como exponer a los alumnos a contenidos violentos e inapropiados”.

La medida es para todos los niveles- Inicial, Primario y Secundario. Es evidente que es acertada para los niveles Inicial y Primario. En este último nivel está vigente la prohibición de que las niñas y niños no lleven celulares a la escuela y la medida tiene sentido porque se trata de pequeños de entre 4 y 11 años que pueden quedar expuestos a los riesgos que menciona la resolución.

En cambio, la situación es distinta para el nivel secundario, por los cambios que ocurrieron en la escuela tras la pandemia. En ese momento hubo un fuerte impulso a la incorporación de las tecnologías para poder continuar con el proceso de enseñanza- aprendizaje desde la virtualidad. Es cierto que fue difícil lograr la conectividad y las clases virtuales, pero también que muchos docentes y estudiantes cambiaron sus prácticas. Con el regreso a la presencialidad, que se produjo en 2021, la escuela no volvió a ser la misma.

Hoy, por ejemplo, los docentes mantienen grupos de WhatsApp para enviar actividades y de esta manera fue perdiendo vigencia la clásica carpeta. También se adoptó la continuidad de tareas por distintas plataformas y la incorporación de aplicaciones para realizar audiovisuales o para las evaluaciones, entre otras.

Es cierto que la resolución autoriza el uso de celulares si están contemplados en la planificación anual de aquellos docentes que decidan incorporarlos como herramientas de uso pedagógico. En estos casos deberán llevar sus celulares, pero generará otras situaciones de tensión cuando los directivos u otros docentes se vean obligados a quitarlos.

Además, la medida entra en contradicción con otros contenidos que están incorporados en las escuelas a través de los contenidos de ESI por los que las y los estudiantes aprenden estrategias para evitar ser víctimas de la violencia digital.

Entonces, resulta que se trata de una medida cargada de buenas intenciones, pero con escasas posibilidades de aplicación en las escuelas pos-pandemia y que genera oposición porque no fue consensuada con los protagonistas del sistema educativo.

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