Cuando los reclamos venían subiendo de tono por la falta de definiciones respecto de la estrategia política que asumirá el oficialismo nacional en el presente año electoral, Alberto Fernández, que es Presidente de la Nación pero también del partido que opera como eje convocante de la alianza Frente de Todos, anunció el pasado domingo que convocaba a la mesa política de la fuerza. La cita será este fin de semana en Chapadmalal y tranquilizó, al menos por el momento, los ánimos en los sectores que integran la coalición, aunque persisten indisimulables diferencias que probablemente resurjan en el transcurso de las deliberaciones.
Los distintos sectores que participarán de esta primera instancia de diálogo se mostraron a favor de la convocatoria. El kirchnerismo, sin embargo, dejó trascender su disconformidad respecto de que empezar a discutir cuáles serán las reglas electorales internas sea el único propósito de la convocatoria. El sector que encabeza la vicepresidenta de la Nación pretende también que se discutan candidaturas, o al menos se expliciten en ese ámbito de debate cuáles son las pretensiones de cada dirigente o facción y, fundamentalmente, que se evalúe la gestión y se analicen las políticas a implementar para recuperar el electorado perdido entre 2019 y 2021.
No hay certezas de que estos temas ingresen en la agenda, lo que podría complicar las negociaciones. Y lo que menos necesita el oficialismo, con un gobierno que ha sufrido el desgaste de la gestión y de las diferencias internas, es que el proceso de diálogo a punto de inaugurarse naufrague rápidamente.
El primer tramo de las reuniones de la mesa política involucra al sector del Presidente, al kirchnerismo, al massismo y a los dirigentes con anclaje territorial, en particular los gobernadores pero también algunos intendentes.
El primer mandatario provincial en manifestar su beneplácito por la convocatoria a la mesa política del Frente de Todos fue Raúl Jalil. Habrá que esperar, sin embargo, para conocer cómo podría replicarse la experiencia en la provincia. A diferencia de lo que ocurre a nivel nacional, en Catamarca habría consenso respecto de las principales candidaturas: la apuesta por la reelección de Jalil en la gobernación y de Gustavo Saadi como intendente de la Capital no tiene demasiadas objeciones entre la dirigencia, o al menos no se han manifestado públicamente, menos aún luego del respaldo de Lucía Corpacci a ambos dirigentes.
Los gobernadores peronistas tienen un papel clave, tal vez como no sucedía desde hace mucho tiempo. En las definiciones de candidaturas de las elecciones presidenciales de 2015 y 2019 la decisión corrió casi exclusivamente por cuenta de Cristina Fernández de Kirchner y su entorno más cercano. En la actualidad, se presentan, además del kirchnerismo, otros sectores que pretenden incidir en la decisión o, incluso, presentar candidatos propios para unas PASO del oficialismo. El Presidente de la Nación quiere su reelección; Sergio Massa, que se ha hecho fuerte políticamente en el Ministerio de Economía también tiene idénticas pretensiones y los mandatarios provinciales evalúan presentar su propio candidato, o al menos negociar lugares preponderantes en las listas de dirigentes afines, conscientes del poder que tienen por el peso político que deviene del poder territorial que ostentan.
Con un panorama económico muy difícil, un poco por la crisis heredada del gobierno anterior y otro poco por deficiencias propias, los dirigentes oficialistas entienden que solo una unidad sellada sin traumas puede ofrecer alguna luz de esperanza para los comicios de octubre. Pero esa aspiración, considerando las diferencias tácticas y estratégicas de los distintos sectores que integran la mesa política del Frente de Todos, parece una utopía.