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El Mirador Político

Una catástrofe en ciernes

24 de marzo de 2024 - 00:20

La eliminación abrupta de los subsidios a la energía es un golpe que las organizaciones civiles que agremian a la producción, la industria y el comercio de Catamarca empezaron a advertir con mucha demora respecto del resto de las provincias, donde se coordinaron rápidamente con los respectivos gobiernos mecanismos tendientes a morigerar el significativo impacto que la medida nacional tendrá en el precio de las boletas.

Por ahora, la suba se circunscribe a los usuarios no residenciales y residenciales de más altos ingresos.

En 12 meses, de febrero a febrero, el precio de la energía para la producción y el comercio se incrementó en Catamarca un 362%, en una escalada que se aceleró desde diciembre, con el advenimiento del régimen libertario: 95 puntos del aumento se concentraron en los últimos tres meses del período, 75 solo en febrero.

El precio de la luz pasó a representar en la estructura de costos del 40% al 75% de los salarios.

La disposición responde al orden de prioridades establecido por la gestión de Javier Milei y su ministro de Economía Luis “Toto” Caputo, dirigido a eliminar el déficit fiscal para cerrar balances financieros superavitarios o neutros a costa de la licuación brutal de los ingresos y el recorte del gasto público. Esta política ha provocado las caídas en picada de la actividad y el consumo, con el consecuente derrumbe de la recaudación.

Margen estrecho

En ese marco, el margen de los gobiernos provinciales para auxiliar a la producción y el comercio se ha estrechado dramáticamente, agravado por el carácter tóxico que la Casa Rosada decidió imprimir a su vínculo con los gobernadores. Los paliativos en otras provincias, con Córdoba abriendo la agenda, consisten en habilitar el pago de las asfixiantes facturas en cuotas, a la espera de que repunte la actividad. En ningún caso los gobiernos tuvieron resto para cubrir el subsidio a la generación y el transporte de energía podado de un solo tajo por la Nación, que elevó a la estratósfera el precio mayorista que deben pagar las distribuidoras como EC SAPEM.

La estatal catamarqueña le pagó a la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (CAMMESA) en noviembre pasado 755,2 millones de pesos. La boleta de febrero llegó con un aumento de casi el 320%: 3.168 millones.

Esta suba se traslada a los usuarios junto con la del Valor Agregado de Distribución (VAD), que es el costo por las tareas de operación, mantenimiento e inversiones.

El efecto destructivo de la eliminación de subsidios a la energía al barrer se potencia en provincias como Catamarca, que experimentaron en los últimos años un desarrollo importante de sus parques industriales, la actividad agropecuaria y el comercio solventadas por políticas estatales de promoción y financiamiento, no solo a los respectivos sectores sino también al consumo, como el Días de Ensueño.

Para muchos emprendimientos podría ser letal. Basta pensar en negocios que no pueden restringir el consumo porque deben mantener cadenas de frío para sus productos, como las carnicerías, o los establecimientos que para regar deben extraer agua con bombas.

Recesión mediante, se tornarán inviables.

Es un colapso inminente, ante el cual resulta llamativa la falta de reflejos de instituciones como la Federación Económica, la Unión Industrial o la Unión Comercial, sobre todo si se considera la incidencia que van ganando otros costos como el agua y los propios impuestos.

Incomprensible

Cuando el silencio se hacía estruendoso, el presidente de la UICA, Carlos Muia, lo rompió con unas consideraciones incomprensibles dada la magnitud del desastre en ciernes. El dirigente industrial dijo que para el sector que representa el problema de la energía no es tan grave como el de la caída de las ventas. Esta perspectiva de compartimentos estancos es acorde con sus preferencias libertarias, que se encargó de dejar claras al inscribir la aplicación de la motosierra sobre los subsidios energéticos como un indispensable componente del “sinceramiento” promovido por Milei.

“El problema los industriales lo tenemos cuando no vendemos. Cuando no vendemos, si nos quieren cobrar 3 pesos de luz es mucho, si nos quieren cobrar 100 es más que mucho. Lo que necesitamos es tener actividad, después hay que preguntarle al ENRE si nos están cobrando lo que corresponde por la tarifa”, analizó.

¿Y cuándo habrá actividad suficiente para que el consumo repunte? El problema, en realidad, es el mientras tanto ¿Cuántos establecimientos industriales, agropecuarios, comerciales están en condiciones de aguantar hasta la reactivación?

Gestiones

Es raro que, siendo tan enfáticamente libertario, Muia no advierta que el propio Gobierno al que adhiere abre espacio a gestiones para que el lonjazo del fascinante “sinceramiento” no caiga con tanto rigor sobre los lomos de la producción y el comercio catamarqueños.

La eliminación de los subsidios libertaria radica en un cambio de enfoque. Los gobiernos anteriores subsidiaron la generación y el transporte, que beneficiaron principalmente a las prestadoras del área metropolitana. Ahora se pretende subsidiar la demanda, o sea a los usuarios.

¿No son industriales, productores agropecuarios, comerciantes y prestadores de servicios en general catamarqueños usuarios? Podrían ser objeto de subsidio o, al menos, de un método de reducción menos cruento.

El gobierno nacional es conducido por un sujeto que postula como virtud moral su condición de debutante. La decisión de subsidiar la demanda en lugar de la oferta puede ser acertada, indudablemente Muia estima que sí.

Tal vez convenga que los sectores privado y público de Catamarca traten de cerrar filas para plantear en las instancias que correspondan, empezando por el inexperto Milei, los perjuicios que acarrea aplicar indiscriminadamente medidas como esta del recorte de los subsidios. Incluso es posible acordar acciones con las organizaciones civiles de otras provincias que se encuentran en encrucijadas similares, que son prácticamente todas.

Capaz que lo que Nación economiza en subsidios energéticos para que los números le cierren a Caputo no alcanza a compensar las pérdidas económicas y el costo social del acelerado desplome de la actividad económica.

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