martes 17 de mayo de 2022

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Editorial

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7 de abril de 2022 - 01:00

En enero de 2020, a las pocas semanas de asumir al frente del gobierno nacional, Alberto Fernández señaló que las provincias del Norte argentino “merecen una reparación histórica”. Los habitantes de las provincias del Norte Grande Argentino (NOA+NEA) saben que las palabras no significan nada, y que solo cuentan los hechos.

Lo del merecimiento de una reparación histórica es absolutamente cierto. El Norte fue una región con un desarrollo relativo muy importante en las primeras décadas de nuestra existencia como nación independiente. Pero a partir de la organización nacional fue relegada gradualmente a la marginalidad, en un rol subalterno dentro del proyecto de desarrollo centralista diseñado desde Buenos Aires. Desde hace décadas que ostenta los peores indicadores en materia económica, social y de infraestructura pública.

Mauricio Macri y casi todos los presidentes anteriores reconocieron la inequidad vigente. Para saldar la deuda el dirigente de Cambiemos pergeñó el Plan Belgrano, que, vigente entre 2016 y 2019, resultó un fiasco. Durante ese período no hubo casi desarrollo de obras de infraestructura importantes para el norte argentino; sí, en cambio, para la Ciudad y la provincia de Buenos Aires.

Ahora el gobierno nacional vuelve a la carga con la creación de una estructura formal destinada también, al menos en sus fundamentos, a combatir las asimetrías regionales que perjudican al norte del país. El pasado lunes se oficializó la creación de la Unidad Ejecutora Especial Temporaria “Norte Grande para la Equidad Social” en el ámbito del Ministerio de Desarrollo Social. No se refiere, en este caso, a la realización de obras de infraestructura sino a la articulación de los planes, programas y proyectos” sociales de desarrollo que funcionan en las diez provincias que integran la macro región.

Si bien habrá que esperar para ver cómo se desarrollan los acontecimientos antes de emitir opinión, conociendo las frustraciones anteriores, no se puede omitir un par de datos de la realidad: el gobierno nacional tiene una mejor base electoral en el norte argentino que en el resto del país, y, se sabe, siempre hay una mayor predisposición a ayudar a los aliados políticos que a los adversarios. Y, además, el Norte Grande ha sido receptor de un mayor flujo de recursos, tanto corrientes, como en forma de aportes no reintegrables o para la realización de obras de infraestructura en los últimos dos años que en las gestiones anteriores.

A modo de ejemplo, en el proyecto de Presupuesto 2022, que fue rechazado por la oposición pero que se supone respetará el esquema de distribución, las primero cinco provincias en el ranking de las que tendrán mayores incrementos de gasto son del norte: Formosa, Chaco, Santiago del Estero, Salta y Catamarca. En el caso de nuestra provincia, se acaba de presentar el plan “Argentina Grande”, que proyecta una inversión de 29 mil millones de pesos en obras viales, hídricas y de saneamiento y de infraestructura rural y urbana.

La compatibilidad política entre el Gobierno nacional y la mayoría de las provincias norteñas parecen jugar a favor de los intereses provinciales y regionales. Y aunque sea por cuestiones de afinidad política, los tiempos que corren son una buena oportunidad para reparar viejas injusticias y apurar proyectos que contribuyan estratégicamente al desarrollo del Norte.

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