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Editorial

Un serio retroceso

27 de junio de 2026 - 00:34

Los datos difundidos por la Fundación Huésped deberían encender las alarmas de las autoridades sanitarias y de la sociedad en su conjunto. Que una de cada dos personas que viven con VIH haya conocido su diagnóstico de manera tardía, cuando ya se encontraba internada o con su sistema inmunológico severamente debilitado, constituye un serio retroceso en materia de salud pública.

Más preocupante aún resulta comprobar que esta tendencia se ha agravado en los últimos años. Mientras hace un lustro los diagnósticos tardíos representaban el 43,8% del total, hoy esa proporción asciende al 49%. Detrás de esa estadística hay miles de personas que perdieron la oportunidad de acceder tempranamente a tratamientos eficaces, evitar complicaciones graves y preservar una mejor calidad de vida.

Una persona que recibe un diagnóstico temprano y accede oportunamente al tratamiento puede tener una expectativa de vida comparable con la de quien no convive con el virus. Además, la evidencia científica ha demostrado de manera concluyente que quienes mantienen un tratamiento sostenido y alcanzan una carga viral indetectable no transmiten el VIH por vía sexual. Se trata de uno de los mayores avances médicos de las últimas décadas y, sin embargo, demasiadas personas siguen llegando al sistema de salud cuando la enfermedad ya ha producido un deterioro importante de su organismo.

Que una de cada dos personas que viven con VIH haya conocido su diagnóstico de manera tardía, constituye un serio retroceso en materia de salud pública. Que una de cada dos personas que viven con VIH haya conocido su diagnóstico de manera tardía, constituye un serio retroceso en materia de salud pública.

Se advierte una preocupante ausencia de políticas públicas sostenidas. Resulta imperioso reactivar campañas masivas de concientización que recuerden a la población la importancia de realizarse el test de VIH, un estudio gratuito, confidencial y accesible.

Según la Fundación Huésped, en la Argentina viven alrededor de 140.000 personas con VIH. Sin embargo, esa cifra solo puede considerarse una estimación, precisamente porque existe un número indeterminado de personas que desconocen que son portadoras del virus. Esa realidad también ayuda a explicar que en los últimos años se registren cada vez más diagnósticos de nuevos contagios.

En ese contexto, el desfinanciamiento de los programas de prevención agrava aún más el panorama. La reducción de recursos destinados a estas políticas se traduce, entre otras consecuencias, en una distribución ínfima de preservativos, una herramienta básica cuya eficacia preventiva está ampliamente comprobada.

El VIH dejó hace tiempo de ser una enfermedad inevitablemente mortal, pero continúa siendo un problema de salud pública que exige información, prevención y responsabilidad.

Por ello resulta indispensable recuperar campañas de concientización permanentes, tanto para promover la realización de estudios de detección temprana como para informar con claridad sobre las formas de transmisión y la necesidad de adoptar prácticas sexuales seguras. No debe perderse de vista que el 98% de los nuevos casos de VIH se producen por mantener relaciones sexuales sin protección. Esa sola cifra demuestra que la prevención sigue siendo la herramienta más poderosa de la que dispone la sociedad. Ignorar esta realidad significaría resignarse a que miles de personas continúen recibiendo un diagnóstico cuando la enfermedad ya ha avanzado demasiado, pese a que hoy la ciencia ofrece la posibilidad de vivir plenamente con un tratamiento oportuno.

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