domingo 28 de mayo de 2023

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Editorial

Un país viable

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Entre tantos problemas crónicos que tiene la Argentina en materia económica, uno de ellos, estructural y determinante de la mayoría de los demás, es la falta de dólares, que se manifiesta con nitidez en la escasez de reservas del Banco Central. Contar con divisas posibilitaría tener una estabilidad que hace mucho no existe en la economía nacional, y permitiría hacer frente a las obligaciones del pago de las deudas, financiar el pago de las importaciones y compensar la salida de divisas por el turismo de argentinos en el extranjero, por ejemplo. En definitiva, contar con los dólares suficientes les otorgaría a las autoridades nacionales un margen de autonomía que perderían de un modo absoluto, junto con la soberanía monetaria, si prosperase la idea de dolarizar que impulsa, cada vez más en soledad, Javier Milei.

Sebastián Negri, magíster en Economía Internacional (UBA), doctor en Ciencias Sociales (FLACSO) y actual presidente de la Comisión Nacional de Valores, señala que se pueden identificar tres formas de acceder a dólares para abastecer al Banco Central: “La primera es tomar deuda externa o permitir el ingreso indiscriminado de capitales financieros especulativos, atajos que utilizaron gobiernos liberales, desde la última dictadura hasta Macri. Una segunda es vender las empresas públicas, privatizar, como hizo Menem en los noventa, para sostener la convertibilidad. Tanto endeudarse como vender empresas garantizaron dólares en el corto plazo, pero finalmente se fueron más de los que llegaron por los intereses de las deudas y la remisión de utilidades de las empresas privatizadas. La tercera opción es tener una balanza comercial favorable, es decir, más exportaciones que importaciones. Ocurrió en mayor medida entre 2003 y 2015”.

El fomento de las exportaciones es, entonces, clave, y coinciden con esta mirada economistas de distintas vertientes ideológicas. Las exportaciones que más divisas dejan son las que le agregan valor a las materias primas, de modo que afianzar el proceso de industrialización resulta clave. Otro aspecto vinculado es el proceso de sustitución de importaciones, es decir, empezar a producir en el país lo que se produce en otros países y se termina importando, lo que también genera una sangría de divisas.

Argentina posee abundantes recursos naturales aun en estado de potencia, con la excepción de la actividad agropecuaria, que, aunque puede incrementarse bastante aun, tiene un grado de desarrollo muy importante. La minería tiene mucho para aportar en materia de exportaciones, como así también el sector energético, tanto el convencional como el de las energías renovables. El propio Negri menciona esta alternativa: “Hay quienes estiman que, en pocos años, las exportaciones de energía van a generar igual cantidad de dólares que la soja. De allí que creo que lo que sigue, lo que debería seguir, es ir por más, con la mayor escala y velocidad posible”.

El potencial productivo de la Argentina es inmenso. Obviamente, se trata de un país viable. Lo que falta es la implementación de políticas de estado a largo plazo y que la política –en el más mezquino de los sentidos-, deje de interferir en el camino de desarrollo estratégico del país.

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