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Editorial

Un mal que amenaza con volver

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17 de abril de 2022 - 01:50

Un dato por demás significativo, divulgado por la Organización Panamericana de la Salud, se conoció en estas horas, a propósito de conmemorarse el Día Mundial del Mal de Chagas: según los estudios realizados por esta organización, siete de cada diez infectados no saben que lo están. Las consecuencias de esta situación se infieren rápidamente. Si el enfermo no conoce su propio diagnóstico, no iniciará el tratamiento precoz de la patología, esa demora provocará que aparezcan complicaciones que podrían evitarse.

Aunque de naturaleza absolutamente distintas, por su modo de contagio, sus síntomas y sus manifestaciones clínicas, el Mal de Chagas y el VIH-Sida comparten un par de características: en ambos casos hay un alto porcentaje de infectados que no conocen esa situación, y en ambos casos también las enfermedades tienen tratamientos eficaces para evitar desenlaces fatales, pero esto dependerá del momento en que se detecta que la persona está infectada. Las demoras en el diagnóstico conllevan malos pronósticos.

También tienen en común que a raíz de la irrupción de otras enfermedades, por ejemplo el Covid-19, se ha dejado de hablar un poco de ellas, lo que implica en la práctica que las personas tienen menos información disponible para conocer las características de las patologías y en consecuencias menos herramientas también para prevenir los contagios.

En el caso del Chagas, la principalísima vía de contagio, aunque hay otras como la transmisión de madre a hijo, la transfusión de sangre infectada o los trasplantes, es a través de la picadura de una vinchuca infectada, que ingresa un parásito, el Trypanosoma Cruzis, al organismo. Si la enfermedad es detectada en la etapa en que el parásito aun se encuentra en el organismo, un rápido tratamiento con medicamentos antiparasitarios será muy efectivo. Pero una vez que el parásito no está y ya se desencadenó un proceso inflamatorio crónico que provocará alteraciones cardíacas, digestivas o neurológicas, o todas ellas combinadas, el abordaje médico es más complejo, específico y con resultados difíciles de predecir.

Las campañas de erradicación de ranchos precarios, que es donde suelen hacer nido las vinchucas, desplegadas en las últimas décadas del siglo pasado fueron muy importantes para contrarrestar parcialmente la enfermedad. Pero esta todavía tiene vigencia: se calcula que aproximadamente un millón y medio de personas están infectadas en la Argentina, de las cuales poco más de un millón no lo saben. Catamarca se encuentra en una región donde la enfermedad tiene más prevalencia que en otras.

Una herramienta importante para combatir esta patología a nivel normativo es la Ley 26.281 de prevención y Control del Chagas, pero a 15 años de su sanción aún no fue reglamentada.

En este contexto, la enfermedad de Chagas tiene toda la potencialidad para resurgir con fuerza si no se adoptan, como antaño, campañas intensas de concientización, y a la vez controles rutinarios para corroborar si las personas, sobre todo las que están expuestas a contactos con vinchucas, tienen o no la enfermedad. Y, sobre todo, si no se aplica como corresponde la ley vigente.n

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