miércoles 1 de abril de 2026
Editorial

Un hábito para descubrir nuevos mundos

Miles de niños, adolescentes, jóvenes y adultos visitaron y disfrutaron de la última edición de la Feria del Libro de Catamarca. El evento fue exitoso no solo por la importante concurrencia, sino porque la organización tuvo un grado de excelencia similar al de otros acontecimientos masivos en los últimos tiempos, como la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho. Además de la exhibición y venta de libros en sus formatos clásicos, hubo aportes vinculados a los avances tecnológicos que posibilitaron disfrutar de la cultura –en su expresión más amplia- con los soportes y formatos más modernos.

El aporte de las nuevas tecnologías es clave para atraer a los niños y adolescentes, que son grupos etarios a los que hay que atender de manera particular para que no abandonen el hábito de la lectura. Según algunos estudios internacionales, el hábito de la lectura, que empieza cuando el niño ingresa a la educación formal, comienza a decaer a partir de los nueve años si no hay incentivos concretos.

En los grupos de mayor vulnerabilidad, que tienen un acceso limitado a todos los bienes, incluidos los culturales, ese hábito a vece ni siquiera alcanza a desarrollarse.

Un estudio realizado el año pasado por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica (UCA) señala que un 68% de los niños, niñas y adolescentes entre los 5 y 17 años que viven en ciudades carece de libros en sus casas. Esta realidad gravita para que más de la mitad de los chicos no lean libros. El trabajo corrobora la incidencia negativa de la pandemia. En 2017 el porcentaje de chicos que no tenían libros era del 60%.

“El libro físico sigue siendo un objeto muy importante. Al nivel de la primera infancia vemos que, con una lectura o narraciones tempranas, se logran más rápidamente habilidades de lectoescritura como el propio nombre en letra mayúscula. Esto se ve aún en los niños en contexto de pobreza, en cómo ingresan mejor a los procesos de alfabetización. Dejar de darle valor al libro es un error”, sostiene Ianina Tuñón, una de las autoras de la encuesta coordinada junto a los investigadores Carolina Martínez y Nicolás García Balus.

Si bien la ausencia de libros infantiles afecta a los hogares más pobres, también se advierte cada vez más entre la clase media. La investigación registra que entre los niños de 0 y 8 años de los estratos medios bajos, la falta de libros creció casi 14 puntos en comparación con 2017. En los segmentos medios altos, la suba fue de 9 puntos en el mismo período.

El problema es grave, porque la lectura ayuda a los niños a desarrollar su imaginación, a aprender sobre el mundo que los rodea, mejora su vocabulario y su riqueza lingüística, y desarrolla la memoria y la concentración, entre otros beneficios.

Eventos como la Feria del Libro son aportes muy interesantes para incentivar la lectura, pero la promoción de ese hábito debe ser una tarea permanente. La tecnología puede ser una amenaza, pero también una ventaja si se la utiliza correctamente, para que los chicos descubran nuevos mundos a través de las pantallas, como los descubren también en la hoja impresa.n

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