miércoles 1 de abril de 2026
Cara y cruz

Un emblema de la impunidad

Desluce un poco el papel de la Justicia el hecho de que la elevación a juicio de la causa por abuso sexual contra Elpidio Guaraz coincida con la conclusión de su extendida gestión como intendente de Santa Rosa. Suspicaces que nunca faltan podrían preguntarse, en un ejercicio contrafáctico, sobre el derrotero del sinuoso expediente en caso de que el imputado hubiera conseguido coronar con éxito su intento de permanecer en el mando santarroseño.

Se trata de solo una de las cuentas pendientes que el Elpidio tiene en tribunales. En 2021, una mujer que había sido su pareja lo denunció y un año más tarde fue indagado por "privación ilegítima de la libertad agravada por ser cometida con violencia y abuso sexual con acceso carnal en concurso real en calidad de autor". Guaraz declaró que la acusación era "una maniobra política" orquestada por sus enemigos aprovechándose de los "celos" de la chica.

"Ella fue mi pareja durante un tiempo largo, luego nos distanciamos y aparentemente eso le ha caído muy mal a ella. Todo el mundo, el pueblo de Bañado de Ovanta, el departamento Santa Rosa, sabe cómo fue mi trato con ella, que fue excelente, la cuidaba, la respetaba, tenía todo lo que ella necesitaba. Tan es así que su madre, abuela, hermanos y hermanas salieron a favor mío porque ellos conocen cuál fue la situación. Por eso yo tengo mucha fe en la Justicia porque no hice nada malo", dijo el jefe comunal.

En ese contexto, se le escapó una revelación autoinculpatoria entreverada entre sus justificaciones: la relación sentimental con su víctima se había iniciado cuando él tenía 50 años y ella 16. Menor de edad: una confesión del abuso.

La cuestión es que recién cuando Guaraz pierde el poder en Santa Rosa, a la que convirtió en su feudo personal, la Justicia avanza decididamente contra él. Junto a su intendencia, también cae la red de protección que la política le proporcionó para retener el control del distrito.

La némesis del hasta el 22 de octubre invencible Elpidio fue otro peronista, Mario Páez, que le ganó al frente de un partido municipal. No hay peor astilla que la del mismo palo.

Un negro panorama se abre ante el caído en desgracia.

Aparte de la causa por abuso, el fiscal de Delitos contra la Administración Pública Facundo Barros Jorrat envió a juicio en agosto otra, iniciada en 2010, durante su primera gestión, en la que está imputado por fraude a la administración pública en concurso real por tres hechos y por adulteración de instrumento público.

Hay una tercera por abuso de autoridad, impulsada por una comerciante de Santa Rosa que asegura haber sido víctima de acoso sexual.

Que el aparato judicial se descargue sobre él ahora perfecciona la imagen de Guaraz como emblema de la impunidad.

En el caso del abuso sexual, el detalle que lo diferencia del exintendente de Puerta de Corral Quemado, Enrique Aybar, es clave.

Aybar fue condenado mientras estaba en ejercicio del cargo, tras un accidentado proceso en el que utilizó todos los instrumentos institucionales y políticos a su alcance para las maniobras dilatorias. Mientras el expediente engordaba, había conseguido ser reelecto en dos oportunidades, pese al rechazo de sectores del radicalismo que consideraban indigno incluir en las listas de candidatos del partido a un imputado por delitos contra la integridad sexual.

La última candidatura de Guaraz, en cambio, no mereció objeción alguna. Por el contrario, miembros de la Rama Femenina del PJ le manifestaron su respaldo cuando abrió una “Casa de la Mujer” en Santa Rosa.

Todavía tiene margen para recurrir las decisiones de los fiscales. De llegar a los juicios, será despojado de la intendencia que transformó en guarida. Es inevitable preguntarse si estaría en esta situación de haber logrado retener la Intendencia o si, por el contrario, ese resultado le hubiera servido para continuar eludiendo el brazo de la Justicia.

Seguí leyendo

Te Puede Interesar