Las declaraciones del expresidente Mauricio Macri, formuladas días después del balotaje, fueron desatinadas.
El clima de violencia política se ha agudizado en los últimos años en la Argentina. El hecho que expone con mayor crudeza esta situación preocupante es el intento de asesinato contra Cristina Kirchner, ocurrido en septiembre del año pasado. Durante la campaña electoral se percibió un incremento de la violencia simbólica, con pintadas amenazantes y mensajes mafiosos que tienen como propósito intimidar públicamente.
La irrupción de Javier Milei en los primeros planos de la política nacional parece favorecer esa tendencia peligrosa. En reiteradas oportunidades ha ubicado como enemigos políticos de su proyecto, sin eufemismos, a los “zurdos”, una caracterización que estigmatiza y que lamentablemente remite a las persecuciones políticas que fueron un plan sistemático de la última dictadura militar.
Los discursos de odio son potenciados por el uso irresponsable de las redes sociales. Pero a veces exceden a esas plataformas y aparecen en espacios públicos, como pintadas callejeras o alusiones directas al retorno de los “Falcon verde”, el automóvil que solía usarse durante la dictadura para secuestrar y “desaparecer” personas, muchos de ellos militantes de organizaciones de izquierda.
No es un clima propicio para la inauguración de un nuevo período político como el que arranca en pocos días en la Argentina. La difícil situación económica requiere de diálogo y consenso, más que de enfrentamientos políticos.
El duro ajuste anunciado por el mandatario electo, que afectaría particularmente a los sectores asalariados, a los comerciantes y a los pequeños y medianos empresarios cuya actividad está ligada al mercado interno, preanuncia un incremento de la protesta social. Todos los analistas económicos, no importa la escuela de pensamiento a la que pertenezcan, pronostican una caída brusca de los ingresos y el inicio de una profunda recesión.
El nuevo gobierno goza de la legitimidad electoral concedida por la mayoría de los ciudadanos y por esa razón tiene la atribución de elegir el plan de gobierno prometido durante la campaña electoral. Los ciudadanos, sin embargo, también tienen derecho a ejercer la protesta social, que es un derecho garantizado constitucionalmente, si las medidas adoptadas afectan sus derechos o intereses. Pero esas protestas no deben ser violentas, como tampoco debe ser violento el accionar de las fuerzas de seguridad, que tienen la misión de prevenir disturbios y la prohibición de generarlas ellas mismas.
En este marco, las declaraciones del expresidente Mauricio Macri, formuladas días después del balotaje, fueron desatinadas. Señaló: "Los jóvenes no se van a quedar en casa si estos señores empiezan a tirar toneladas de piedras, van a ir a defender su oportunidad. Entonces ellos, los orcos como los llamo, van a tener que medir muy bien cuando quieran salir a la calle a hacer desmanes". Instar a los jóvenes que votaron a Milei a que salgan a enfrentar a la gente que proteste por las medidas de ajuste alimenta el clima de violencia y abre severos interrogantes sobre la vocación de la dirigencia política en el mantenimiento de la paz social.
Es de esperar que en este delicado contexto político prime la cordura y la sensatez, antes que la tentación de recurrir a la violencia en cualquiera de sus formas.