Desde hace dos años, el Día Mundial de la Obesidad, que se celebra los 4 de marzo, viene resignificándose. Así, esa jornada se celebra también el Día Mundial contra la Gordofobia. La reformulación tiene sentido: está bien que se enfatice en la necesidad de reducir, prevenir y tratar la obesidad, pero también es preciso que se condenen discursos y comportamientos que discriminan a las personas con sobrepeso u obesidad.
- El Ancasti >
- Edición Impresa >
- Opinión >
Un abordaje de doble vía
En Catamarca las actividades contra la gordofobia, es decir para “promover acciones destinadas a visibilizar la lucha contra la discriminación por gordofobia así como identificar, prevenir y erradicar la violencia contra las personas gordas”, las lleva adelante la diputada provincial Adriana Díaz y su equipo de trabajo, contando con la colaboración del INADI.
Es importante señalar que la gordofobia, como ya se ha señalado en esta misma columna, es el rechazo consciente o inconsciente por los cuerpos que tienen exceso de peso. Ese rechazo, además, suele traer aparejadas crueles burlas que tienen, en algunas ocasiones, un grave impacto psicológico. Las víctimas de este rechazo suelen argumentar –razón no les falta- que en muchos casos no se trata de fobia, en el sentido más estricto del término, sino de un sentimiento de odio y desprecio, que es aún peor.
La obesidad, también hay que decirlo, es factor de desarrollo de muchas enfermedades. De modo que también es necesario realizar un abordaje sanitario de esta problemática. Los datos que difunde la Organización Mundial de la Salud (OMS) permiten corroboran la gravedad del problema. En el último medio siglo la obesidad se ha triplicado en el mundo. Aproximadamente existen 2.000 millones de personas con sobrepeso, de las cuales 650 millones son obesas. Además, casi 45 millones menores de cinco años tienen sobrepeso u obesidad.
La obesidad es un factor de riesgo para enfermedades no transmisibles, como las cardiovasculares (principalmente las cardiopatías y los accidentes cerebrovasculares), la diabetes, los trastornos del aparato locomotor, algunos tipos de cáncer. En los niños se asocia con una mayor probabilidad de obesidad, muerte prematura y discapacidad en la edad adulta. Siempre según la OMS, además de estos mayores riesgos futuros, los niños obesos sufren dificultades respiratorias, mayor riesgo de fracturas e hipertensión y presentan marcadores tempranos de enfermedades cardiovasculares, resistencia a la insulina y efectos psicológicos.
Por todo lo señalado, el abordaje del problema debe realizarse por una doble vía. Señalando, por un lado, los riesgos para la salud que representan, con campañas que promuevan la alimentación saludable y el ejercicio físico, pero también, por otro, marcando las conductas agresivas que dañan la autoestima, discriminan y marginan, causando secuelas psicológicas tan o más graves que las enfermedades físicas asociadas al sobrepeso y la obesidad.n