miércoles 1 de abril de 2026
Cara y cruz

¿Tu quoque, fili?

La traición endilgada por Cristina Kirchner sobre Axel Kicillof marca la profundidad de su retroceso como líder. Pocas horas antes, el acusado le había dedicado sentidos elogios y remarcado que la condena por corrupción en la causa Vialidad, que se ratificará a principios de noviembre, busca proscribirla.

El gajo de olivo recibió una durísima réplica contrareembolso.

“Los Poncio Pilatos en el peronismo no van más. Ni los Poncio Pilatos ni los Judas”, descerrajó CFK en una reunión con sindicalistas, intendentes y dirigentes políticos en la sede de SMATA.

Los ministros de Kicillof, denunció, reúnen avales para Ricardo Quintela, que la enfrenta en la interna por la presidencia del PJ.

“¿Alguien se imagina a un ministro de Néstor Kirchner juntando avales para Chiche Duhalde en 2005 o un ministro mío juntando avales para (Francisco) De Narváez en 2009? ¿Qué estás haciendo hermano? Hacete cargo”, rezongó.

El litigio tiene ribetes shakespereanos.

Cristina fue desbordada por la pelea entre dos hijos: el biológico, Máximo Kirchner, jefe de La Cámpora, y Kicillof, el adoptivo.

La genética falló. Máximo no dio la talla para disciplinar a Kicillof, a pesar de haberle intervenido el gobierno en 2021 designándole como jefe de gabinete al “yatchman” Martín Insaurralde.

Tuvo que bajar ella misma al barro de la pelea por el control del sello del PJ. Cualquiera sea el resultado de la disputa, ese solo detalle configura una derrota.

En el trayecto hacia la conducción partidaria comenzaron a apilarse deserciones explícitas y tácitas que el frustrado “operativo clamor” reveló en todo su trágico alcance.

La exoneración de Kicillof completa un proceso que se inició con el silencio de los gobernadores peronistas sobre su candidatura y siguió con la negativa de Quintela a desistir de la competencia.

“El arte de injuriar”, de Borges, aborda en algunos de sus párrafos la ironía del agravio gestionado como ponderación. Las palabras de Quintela cuando confirmó que enfrentará a Cristina pueden interpretarse a la luz del célebre ensayo.

“No la podemos bajar a que venga a competir por la presidencia del PJ. Creo que ella está para cosas mucho más importantes, inclusive para ser una embajadora itinerante de los argentinos, con respecto a que pueda dar las charlas magistrales que ella da", la aduló.

No se le conocían al riojano las aficiones borgeanas.

¿Cómo se va a rebajar Cristina a changas partidarias?

Tras las críticas de su antagonista a Kicillof, abandonó las sutilezas.

“Si el juego sigue siendo el de señalar traiciones, forzar voluntades e identificar lealtades no vamos a poder construir una nueva esperanza en el Peronismo. Dejar atrás esta forma de construir política es lo que me impulsa en mi vocación de conducir el partido”, tuiteó.

El exsenador nacional y exembajador Jorge Yoma, respondió por su parte a Oscar Parrilli, quien consignó que "Cristina es quien más muestras de unidad ha dado. Hoy es la que sigue llamando a Axel y Quintela para conversar".

"¡Hermano! Atiendan el teléfono, tienen varios llamados con la característica 3804. ¡Abrazo grande!", chicaneó.

En otros tiempos, el solo anuncio de la postulación de Cristina hubiera provocado un alud de respaldos.

La abstención de Kicillof la deja sin mandatarios provinciales para la pelea, al menos confesos, encerrada en la burbuja de La Cámpora.

No se privó de reprocharle la ingratitud en SMATA: “Me hace ruido y me provoca dolor que haya gente que no se defina”.

Lo dicho, Shakespeare. ¿Tu quoque, fili?

Cristina siente la insubordinación de Kicillof como puñal filicida.

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