La reunión ampliada del Comité Provincia de la UCR se convirtió en una asamblea que despojó de autoridad a los miembros de la conducción partidaria que se reunieron con el vicegobernador Rubén Dusso y otros representantes del Gobierno para intentar empinar el debate por la reforma de la Constitución provincial.
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Triunvirato en jaque
El desequilibrio sistémico que arrojaron las últimas elecciones quedó de alguna manera expuesto en el cónclave: el Gobierno ratificado en las urnas con cifras aplastantes carece de interlocutores con legitimidad suficiente para convalidar un diálogo institucional constructivo.
Restaurar al menos parte de esa legitimidad, en el marco de los cambios en el campo opositor marcados por el resultado electoral con la irrupción libertaria, es condición previa indispensable para avanzar en contactos políticos con el Gobierno, no solo en lo referido a la enmienda constitucional sino en cualquier otro tema.
Éste es el elemento central que el presidente del partido, Alfredo Marchioli, omitió al tratar de comparar en horas de la mañana la entrevista con Dusso con el Pacto de Olivos entre Carlos Menem y Raúl Alfonsín para la reforma de la Constitución Nacional de 1994.
Aquel recordado acuerdo, que no estuvo exento de polémicas, fue celebrado entre los dos máximos líderes políticos de su tiempo. ¿Quién está en condiciones de arrogarse en la UCR catamarqueña la representatividad que tenía Alfonsín? La desproporción es abismal y revela una falta de sensibilidad política notoria.
Marchioli, anfitrión en su casa de Fray Mamerto Esquiú de la reunión con la comitiva gubernamental encabezada por Dusso, fue blanco de severos reproches junto a los vicepresidentes Luis Fadel y Alicia Paz.
También cobraron las autoridades del bloque de diputados, Luis Lobo Vergara y Juana Fernández.
El relato de la reunión de bloque inmediatamente posterior al encuentro en la casa de Marchioli tuvo visos hilarantes.
Los diputados Tiago Puente y Carlos Masilli contaron que cuando se enteraron de la tertulia y plantearon el tema, Fadel y Alicia Paz le preguntaban a Marchioli qué había ocurrido y qué asuntos había tocado con el vicegobernador, como si no hubieran estado presentes.
“Nos tomaron por pelotudos”, coincidieron.
Debe haber sido una puesta en escena digna de verse, para el Oscar. Habría que determinar quién hace el papel de Luis Brandoni y quién el de Robert De Niro para una nueva versión de la aclamada serie “Nada”, título adecuado a la angustiante coyuntura que atraviesa el radicalismo local. Alicia Paz sería Silvia Kutika.
La torpeza de la conducción partidaria es inaudita.
Se dejó emboscar por el Gobierno, que consiguió inducir a través de ella la eclosión de la crisis en el radicalismo y empozoñar a sus dirigentes con sospechas de contubernios espurios. La eventual participación de radicales en los directorios de CAMYEN y el fideicomiso minero también fue impugnada.
En el ardor de la discusión quedaron expuestas miserias como la del pedido de dos plantas permanentes para cada miembro de la bancada opositora a cambio del voto a favor para la creación del parque nacional Sierras de Ambato. La operación comercial fue revelada por la diputada Juana Fernández sin que nadie expresara la menor sorpresa ni pidiera explicaciones al respecto.
Mientras sus antagonistas buscan el modo de contener la hecatombe, los diputados oficialistas de la comisión de Asuntos Constitucionales, sin opositores, dieron despacho favorable al proyecto de la “ley Jalil” para limitar las reelecciones, hasta ahora indefinidas, a una sola.
Todo un dato: el peronismo no necesita a los radicales para nada.n