miércoles 19 de agosto de 2026
El Mirador Político

Tregua con el Fondo, hostilidades internas

Los resultados de la aprobación al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en la Cámara de Diputados muestran un oficialismo condicionado por las mutuas imposibilidades de sus componentes enfrentado a una oposición que gana consistencia.

Si bien Cristina Kirchner y Mauricio Macri comparten una derrota a manos de los sectores moderados que hace más ostensible la declinación de sus liderazgos, sería aventurado arriesgar pronósticos sobre sus destinos.

La Vicepresidenta, que encomendó a su hijo Máximo la materialización del boicot parlamentario al entendimiento fraguado por el ministro de Economía Martín Guzmán, tiene a su favor la fragilidad de Alberto Fernández y la fragmentación del peronismo.

El impacto de la fractura por la deserción del hijo y sus tropas en instancia tan clave intentó compensarse con la solidaridad unánime ante el ataque a las oficinas de la madre en los disturbios que enmarcaron el tratamiento de la ley.

El Presidente completó el voto favorable de 76 de los 117 brazos que tiene el Frente de Todos en la Cámara baja, con gestiones combinadas e intensas de su jefe de Gabinete, Juan Manzur, y el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. Es el 64% del bloque oficialista, en el que concurren gobernadores, sindicatos y organizaciones sociales, al que se sumaron 15 votos más peronismo federal y otros grupos.

Máximo y La Cámpora juntaron el resto con 28 votos negativos y 13 abstenciones. Ese capital legislativo sigue siendo el más voluminoso de la alianza oficialista concentrado bajo una misma conducción.

Fernández no puede darse el lujo de prescindir de él sin quedar definitivamente prisionero de la lógica que le imponga en el Congreso una oposición significativamente menos dispersa.

El pacto de los radicales con Elisa Carrió anonadó al macrismo y fue determinante para la media sanción. 111 votos, contra solo cinco deserciones: uno en contra y cuatro ausencias macristas.

Es preciso ajustar el análisis, entonces.

Los 111 votos positivos de la oposición no fueron de Juntos por el Cambio, sino del eje UCR-Coalición Cívica, que se afianza de este modo contra el macrismo, donde el alcalde de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, quedó del lado de Macri y Patricia Bullrich cuando pretende ofrecer un perfil de moderación y sensatez.

Sandía al fin, se dejó ganar el costado de la racionalidad por quienes le compiten en la interna, empantanado en los titubeos.

Las cuentas serían:

111 votos positivos de la alianza entre los radicales y Carrió.

91 enfilados con la Casa Rosada, de los cuales 76 son del Frente de Todos y 15 de otras facciones. Solo una parte, menor, responde a la rienda de Fernández.

41 disidentes del Frente de Todos: 28 negativos y 13 abstenciones

5 de los halcones de Juntos por el Cambio: uno negativo y cuatro ausentes

4 de los ultraliberales.

4 de la izquierda.

Los moderados de la oposición aportaron más de la mitad de los votos positivos a cambio de que se excluyera la aprobación del programa económico que implementará la Rosada y las alusiones agraviantes a Macri por la monstruosa deuda que tomó. Ambos elementos eran accesorios: lo único importante era conseguir el crédito para refinanciar.

Lo más significativo es que el respaldo de la oposición al acuerdo quedó a solo 17 votos del quórum, que es de 128.

El inestable “albertismo”, con 76, está a 52 de la cifra. Un abismo.

Mutaciones

Las relaciones de fuerza surgidas en la Cámara baja para habilitar un nuevo crédito con el denostado Fondo reflejan la mutación reflejada en las elecciones del año pasado y la lectura que de ella hacen las diferentes facciones.

La deserción de Máximo, anunciada con su renuncia a la presidencia de la bancada oficialista, tiene el mismo sentido que las dimisiones kirchneristas al gabinete nacional que sucedieron la derrota del Frente de Todos en las primarias: exponer las limitaciones de Fernández en el frente interno. En este caso las consecuencias son más profundas, porque Fernández pactó no ya con el Fondo, sino con la oposición. Para cumplir con el Fondo, pero también para sostener las expectativas de su reelección.

El retroceso de los liderazgos de Cristina y Macri consigna la ineficacia del formato de la grieta para traducir el conflicto político, en una sociedad que experimenta los efectos de una profunda degradación.

Pobreza entre el 40 y el 50%, la mitad del trabajo en la informalidad, 5% del empleo privado destruido en la última década, inflación desbocada, Estado en quiebra. La política no sólo no ha revertido la catástrofe provocada por la caída del sistema de Convertibilidad en 2001, sino que la ha profundizado y cristalizado sus causas. El estallido ha sido suplantado por la agonía, que se extiende mientras los extremos de la fractura dirimen el prorrateo de las responsabilidades por el fracaso colectivo.

La derrota oficialista en las elecciones de medio término se inscribe en el agotamiento como insumo proselitista de la dicotomía kirchnerismo/antikirchnerismo –o su reverso: macrismo/ antimacrismo-, a lo largo de un proceso signado por dos fracasos: el de la Presidencia de Mauricio Macri, que precipitó la crisis en el estancamiento económico, y el de la “máscara de Alberto”, que le permitió a Cristina Kirchner sortear carencias electorales en 2019, pero se desarticuló en la gestión debido a la asimetría de sus componentes.

Las elecciones de medio término expusieron también el deterioro del eje metropolitano como ordenador de la contienda política. El Conurbano bonaerense, que cerca CABA, se ha vuelto demasiado inestable como para cifrar allí el destino de un proyecto nacional. Si tener un anclaje significativo en el área es imprescindible, resulta insuficiente como factor de afianzamiento.

La guerra en Ucrania perturba las previsibilidades que el acuerdo con el FMI iba a arrojar. Se verá cómo evoluciona el escenario global.

En la Argentina, las maniobras en el Congreso preceden la formalización de las hostilidades.

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