Una vez conocido el veredicto, la víctima manifestó que pudo poner fin a una etapa en su vida. Cerró un ciclo de más de 10 años entre los abusos, la denuncia, el proceso judicial, el debate y la condena. En este difícil proceso pasó de víctima a denunciante y ayer fue querellante.
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"Traje la valija que me regaló; que se lleve todo mi dolor"
Puertas afuera del Tribunal tomó aire. Escuchó las palabras “culpable” y "condena". Rasgido, su agresor, es culpable y debe cumplir una condena de 15 años de prisión cuando el fallo quede firme.
“Puedo levantar la frente, gracias a mi hija que me trajo hasta acá. Hace unos meses quise terminar con mi vida. Hoy puedo caminar.
Estoy conforme con la cantidad de años, con que sea culpable para mí es todo. Hoy dejé la mochila que desde hace 10 años vengo cargando, que día a día no me dejaba caminar”, expresó.
El joven hizo referencia a una valija. Tal vez sea una metáfora de lo que significó este proceso que ayer terminó. “Hoy traje la valija que me regaló él; la traje para devolverla y que se lleve todo mi dolor. Es una valija que hasta hace unos meses, cada vez que salía lo hacía con esa valija. Me la regaló la última vez que se acercó a mí y a mi familia. Me escapé a Buenos Aires y él me dejó la valija. Desde entonces, todos los días la cargo. Hoy la pude dejar en la sala”, detalló.
Para el denunciante, llegó el momento de que Rasgido “la pague donde la tiene que pagar”. Si bien la expectativa era que se vaya detenido, comentó que va a esperar a que la sentencia quede firme.
En debate, Rasgido había declarado que los abusos sexuales eclesiásticos suceden en el mundo, el país y en la provincia pero que él era inocente. Su denunciante espera que esta condena anime a otros “sobrevivientes” de abusos sexuales eclesiásticos a denunciar. Aseguró que conoció a sobrevivientes “que sufrieron abuso de la misma persona, de este diablo, y no pudieron hacer la denuncia pero hablaron conmigo. Esto va para ellos también; siento un alivio…”.
Tiempo de sanar
En este proceso, el joven recibió apoyo de su familia, de la Red de Sobrevivientes de Abusos Sexuales Eclesiásticos -su otra familia, un sostén valioso que lo contuvo y le dio fuerzas- y de su pequeña hija. “Mi hija fue mi heroína con tan solo tres años. Sin que ella sepa, me salvó la vida. Ahora voy a disfrutar de mi hija. Esperé tanto este momento para disfrutar con mi familia. Hoy, con 25 años, pude mirarle a la cara. Cuando tenía 12 años se aprovechó de mí y de mi niñez. Hoy puedo decir que soy más grande y pude hacerle frente, pude enfrentarlo y le gané. Le gané la pulseada”, contó.