viernes 14 de junio de 2024
Editorial

Trabajar para pagar el boleto

La quita de los subsidios al transporte público, que se trasladó directamente al precio del boleto, le ha complicado la vida a millones de hombres y mujeres en todo el país que a diario recurren a ese modo de movilidad para ir desde sus casas al trabajo y viceversa. El aumento del costo del pasaje ha sido exponencial, muy superior no solamente al incremento de los salarios de los trabajadores sino también al promedio del índice inflacionario. El boleto urbano de colectivos en Catamarca, por ejemplo, se multiplicó por ocho en pocos meses.

La afectación al bolsillo es evidente, pero no siempre cuantificada con precisión, como sí lo realizó una docente que vive en la ciudad de Andalgalá pero da clases en el Instituto de Formación Docente de la localidad de Saujil, departamento Pomán, con un cargo concursado. La distancia entre ambos centros urbanos es de 73 kilómetros.

La docente explicó en sus redes sociales que el gasto del traslado hasta diciembre del año pasado significaba una proporción de su salario manejable, pero el incremento extraordinario del pasaje alteró todos los números de su economía familiar. “Entre diciembre de 2023 y marzo de 2024, mi salario aumentó un magro 24 por ciento. En el mismo periodo, el pasaje de Andalgalá a Saujil pasó a costar, sin escalas, de $1.400 a $4.000. A fines de abril, el pasaje aumentó nuevamente, esta vez a $8.000. Mi sueldo, estancado”, detalló.

“Al cerrar el año 2023, el costo del pasaje para dar clases consumía el 11,40 por ciento de mi sueldo total –calculó-. En marzo de 2024, el costo del pasaje se comió el 24,55 por ciento de mi salario. Desde abril del mismo año, ir a trabajar se devora el 49 por ciento de mi sueldo total, que equivale al 58 por ciento de lo que percibo en forma neta”.

La conclusión a la que arribó la docente andalgalense es que “a mí no me mantiene mi trabajo, yo lo mantengo a él”.

La ecuación es indiscutible: gastar la mitad del sueldo solo en pasajes de ida y vuelta entre la casa y el trabajo no es para nada redituable. Es cierto que se trata de situaciones excepcionales, en las que el trabajador se traslada de una localidad a otra. Pero hay muchos casos similares, de docentes pero también de trabajadores de otros rubros, que desde hace años realizan recorridos de media distancia para trabajar. Otros, que tienen la suerte de disponer de vehículo propio, también deben afrontar gastos excesivos por el incremento del combustible por encima de la evolución salarial. Entre principios de noviembre y mayo el precio de la nafta se cuadruplicó.

Es decir que el incremento de los costos de transporte ha alterado de un modo fulminante la capacidad adquisitiva de quienes lo utilizan a diario. Si los subsidios no van a ser aplicados de un modo general, como ocurría hasta hace pocos meses aliviando el bolsillo de los usuarios, al menos que se instrumenten a favor de los que pierden porcentajes considerables de sus salarios para moverse de la casa al trabajo y del trabajo a la casa.

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