lunes 26 de febrero de 2024
Cara y Cruz

Tiempos de abstinencia

La llegada de Javier Milei a la Presidencia plantea el desafío de reinventarse a un sistema político e institucional y una sociedad que ingresan en territorio desconocido con una certeza: se producirá una reducción abrupta y significativa de los ingresos mientras el nuevo Gobierno intenta detener la inercia de una crisis profunda y prolongada. La esperanza es lo último que se pierde.

Aunque todavía se desconoce el programa económico que intentará implementar el inminente mandatario y cómo reaccionará frente a los condicionamientos a su voluntad que eventualmente vayan alzándose, tanto la prédica que desplegó a lo largo de la campaña como el controvertido perfil que traccionó su ascenso son lo suficientemente nítidos: se trata de un teórico fundamentalista del mercado, dogmático, entusiasmado por la oportunidad de poner a prueba sus ideas.

Es cierto que el ejercicio del poder le impondrá adaptarse a la realidad, pero como Presidente tendrá a disposición resortes muy importantes para reconfigurar la escena, aún con las concesiones que deba hacer en aras de la gobernabilidad.

Cuenta para ello con el respaldo de una victoria sorprendente en las primarias, donde se materializó su núcleo duro del 30% de los votos, que trepó a ribetes aplastantes en el balotaje, donde sumó otro 26%.

Eso de que el pueblo nunca se equivoca no debe confundirse con un dictamen científico. Es una frase hecha para los políticos, para “la casta”, que les indica la conveniencia operativa de seguir los deseos y emociones de la mayoría. El que se equivoca, en todo caso, es el político que no ajusta su proceder a tal consigna, con la cual suele justificarse la demagogia. Milei, por lo visto, no se equivocó y obtuvo un consenso electoral abrumador.

En este contexto, el gobernador Raúl Jalil debe desarrollar un segundo mandato logrado con números categóricos entre los márgenes que le imponen las transformaciones sociales que el triunfo de Milei expresa y el cambio de signo de la Casa Rosada.

Los despachos nacionales dejarán de ser tan hospitalarios como lo fueron en los cuatro años de su primera gestión, en la que debido a su excelente relación con la administración encabezada nominalmente por Alberto Fernández consiguió recursos económicos e institucionales adicionales a la coparticipación que le permitieron solventar políticas que dinamizaron la economía provincial y atenuar el impacto de la degradación nacional con instrumentos como el programa Días de Ensueño, la promoción de la industria y los préstamos a tasa subsidiada de la Caja de Crédito.

El gobernador y sus funcionarios tienen que confeccionar una nueva agenda y empezar a cultivar nuevos vínculos políticos y administrativos con una gestión totalmente extraña a ellos.

El frondoso flujo de fondos nacionales operó como una droga financiera y generó adicción. Se aproxima una etapa de abstinencia, que viene acompañada de angustias y dolores pero es indispensable.

No es un proceso que vaya a afectar sólo al Gobierno y el resto de los poderes del Estado.

Toda la sociedad catamarqueña ha vivido los últimos cuatro años guarecida de los peores coletazos de la degradación económica y social por la afluencia de fondos del Tesoro nacional. También ella, que en la segunda vuelta del 19 de noviembre le entregó el triunfo a Milei sobre Massa, tendrá que digerir los cambios que se han producido en el ecosistema.

La estanflación que Milei anuncia, curándose en salud, tendrá impacto colectivo y provocará en la provincia tensiones distintas a las que interpelaron al Gobierno hasta ahora. También tendrán que ser distintos los mecanismos para resolverlas. Lo dicho: reinventarse es imperioso.

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