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Editorial

Superando barreras

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9 de mayo de 2022 - 01:00

Hay enfermedades que existieron siempre, o al menos desde hace muchísimo tiempo, sin que formasen parte del inventario de patologías más comunes, esas por las que las personas suelen concurrir al médico para que las trate. Sucede que muchas veces su diagnóstico preciso no es fácil de realizar, pues lo que se manifiestan son un conjunto de síntomas propios de muchas otras enfermedades, y se precisan estudios específicos para detectarlas. Es el caso de la celiaquía.

El pasado 5 de mayo fue el Día Internacional del Celíaco, instituido para hablar de esta enfermedad que afecta a un sector importante de la población: aproximadamente el 1%. O sea que en la Argentina hay casi medio millón de celíacos y en Catamarca casi 5.000. ¿Cuántos de ellos saben que padecen la enfermedad? Muchos no, señalan los especialistas, porque la celiaquía no es fácil de diagnosticar si no se efectúan los análisis precisos.

La divulgación de las características de la enfermedad –en primer lugar su existencia, pero también sus síntomas y sus tratamientos- ha logrado un incremento considerable de los diagnósticos. La enfermedad celíaca es una afección autoinmune que daña al revestimiento del intestino delgado. Este daño proviene de una reacción a la ingestión de gluten, que es una sustancia que se encuentra en el trigo, la cebada, el centeno y posiblemente la avena. Los síntomas que generalmente aparecen son dolor abdominal, dolor de cabeza, diarrea crónica o estreñimiento, náuseas o vómito, entre otras. Pero también hay casos de personas que no presentan síntomas durante muchos años, aunque su organismo se vaya dañando progresivamente.

En niños y adolescentes la enfermedad celíaca puede causar efectos nocivos en el crecimiento, con un déficit en el desarrollo, crecimiento lento, retraso de la pubertad, afección en los huesos y en el esmalte dental, entre otros. De allí la importancia de la detección temprana de la enfermedad.

El acceso de los celíacos a una canasta de alimentos libres de gluten es un problema que no está del todo resuelto. Por lo general son productos caros, bastante más que los que consumen las personas que no tienen esta enfermedad –en algunos casos hasta cinco veces más-, que no todos los sectores sociales pueden adquirir. Y la canasta de estos productos no está disponible en algunas pequeñas localidades o parajes alejados de los centros urbanos. Y, como es fácil inferir, la celiaquía no establece diferencias sociales ni territoriales.

Los derechos de las personas que padecen la enfermedad celíaca están garantizados desde una perspectiva teórica, pero, como muchos derechos, no siempre se cumplen acabadamente. Por esa razón de fondo es que el Estado debe profundizar las campañas de divulgación y concientización sobre la enfermedad y garantizar, a través de estrategias eficientes, lograr que todas las personas de esta condición dispongan, superando barreras económicas y de distancia territorial, de los alimentos necesarios para desarrollar una vida sana.

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