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Editorial

Soluciones de fondo contra el desperdicio

18 de octubre de 2022 - 09:41

Como consecuencia de la pandemia y de otros factores como la guerra entre Rusia y Ucrania, dos países que pueden contarse entre los grandes productores de alimentos, el hambre en el mundo viene creciendo desde hace más de dos años, revirtiendo así una tendencia que ya tenía por lo menos tres décadas de vigencia. Informes de las agencias de la Organización de Naciones Unidas, ONU, publicados en junio de este año, muestran que en 2021 el número de personas con inseguridad alimentaria aguda pasó de 135 a 193 millones en solo dos años.

La paradoja es que, mientras el hambre crece hasta límites de escándalo, cada día toneladas de alimentos se desperdician a lo largo de toda la cadena que va desde la etapa de producción hasta el residuo domiciliario, lo cual, además de ser un problema de índole social, también se transforma en un problema ecológico en cuanto implica el incremento de la cantidad de residuos orgánicos sin tratamiento ni procesamiento alguno.

Al celebrarse el pasado 29 de septiembre el Día Internacional de Concientización sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ratificó que alrededor del 14 por ciento de los alimentos producidos en el mundo para consumo humano se pierden. En Argentina se pierden alrededor de 123 mil toneladas de alimentos cada año.

La meta 12,3 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) incluidos en la Agenda 2030 parece lejos de cumplirse. Esa meta propone “reducir a la mitad el desperdicio de alimentos per cápita mundial en la venta al por menor y a nivel de los consumidores, y achicar pérdidas de alimentos en las cadenas de producción y suministro, incluidas las pérdidas posteriores a la cosecha”.

Algunos avances, aunque insuficientes, se han logrado en países a partir de la aplicación de programas específicos. En Argentina, por ejemplo, está vigente desde 2015 el Plan Nacional de Reducción de Pérdidas y Desperdicio de Alimentos.

Si bien hay un porcentaje de desperdicio que es muy difícil de prevenir aun con prácticas eficientes en todas las etapas del proceso, hay otras causas que sí son prevenibles, y sobre ellas es preciso trabajar. Por ejemplo, hay una gran cantidad de alimentos que por diversas razones los comercios devuelven a los productores, otros que se vencen y también hay los que sufren daños de diversa índole y no pueden consumirse.

Una de las estrategias para disminuir la cantidad de alimentos desperdiciados es la implementación de bancos de alimentos, conformado por aquellos que se rescatan de industrias, supermercados, restaurantes, antes de que se desperdicien y son derivados a instituciones para que los redistribuyan.

Se requieren, de todos modos, soluciones más de fondo. Y éstas solo se pueden implementar con planificaciones estratégicas que, coordinadas por el Estado, involucren a todos los protagonistas del proceso, desde el productor hasta el consumidor final, pasando por transportistas y comerciantes mayoristas y minoristas.n

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