La contundente condena a la inoperancia del aparato judicial de la provincia que la sala Penal de la Corte de Justicia dictó al sentenciar la prescripción del expediente por la Tragedia de la Alcaidía carece hasta el momento de repercusiones en el ámbito institucional, político y social de Catamarca.
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Silencios decidores
Solo el referente de la izquierda provincial Pedro Damián Saracho expresó su repudio al caso. “En la alcaldía de menores de Catamarca, en el año 2011, estaban alojados ilegalmente cuatro adolescentes de entre 14 y 17 años. Ellos reclamaban por mejores condiciones de encierro y por su libertad, pero terminaron calcinados en su celda. Tal como ocurrió con el caso de Diego Pachado, la justicia y el Estado en su conjunto garantizaron la impunidad de los responsables de esta masacre ¡Juicio y castigo! Ni olvido, ni perdón a los responsables de aquel infierno.
En épocas tan oscuras para nuestros pibes, hay que ser conscientes de que los que mueren son siempre los pibes de los barrios trabajadores”, manifestó en soledad.
La generalizada indiferencia resulta llamativa ante la gravedad del fallo. La máxima instancia del Poder Judicial local acaba de ratificar que las responsabilidades penales por la muerte de cuatro adolescentes no pueden ser juzgadas conforme a derecho por defección del Ministerio Público Fiscal. Es decir: hay una denegación de Justicia escandalosa admitida por la propia Corte encargada de procurarla, frente a la cual los actores del sistema prefieren no polemizar, al menos en público.
El tema no es nuevo. La última sentencia de la Corte no hizo más que ratificar lo que había consignado en la primera, emitida en diciembre del año pasado, en términos más duros. El Ministerio Público Fiscal no puede pretender revertir una prescripción que es consecuencia de la “omisión sistemática” de sus deberes como titular de la acción penal pública y custodio constitucional del impulso procesal.
Esto, en un caso que provocó una fortísima conmoción social en septiembre de 2011, las postrimerías del gobierno de Eduardo Brizuela del Moral. En ese entonces nadie se privó de propalar aflicciones por cuanto micrófono se le pusiera a tiro. Pocos meses después, la gestión peronista abriría su propia secuencia de brutalidades y blindajes sistémicos con Diego Pachao, muerto luego de que lo sacaran en situación desesperante de las celdas de la Comisaría Séptima hacia el Hospital San Juan Bautista.
Sobre los resortes que garantizan impunidad, expuestos una vez más, se ha dicho ya suficiente. Nobleza obliga, los miembros de la Sala Penal de la Corte ordenaron abrir sumarios a todos los operadores que intervinieron en el expediente para deslindar responsabilidades. Se verá qué pasa, pero por lo pronto ellos tendrán la oportunidad del proceso justo y ajustado a derecho que la Justicia negó a las desgraciadas víctimas de la Alcaidía y sus deudos.
La oportunidad y los recursos económicos, sociales e institucionales, corresponde agregar, porque lo que queda claro es que, para tener expectativas de respuestas satisfactorias de la Justicia, en Catamarca resulta indispensable contar con medios para solventar abogados querellantes que suplan la desidia de los fiscales.
Sin tal dispositivo jurídico, el destinatario teórico del servicio de Justicia queda a expensas de la arbitrariedad de los burócratas enquistados en la estructura del Poder Judicial.
La políticaestá ocupada en otras cosas, a la espera de que pase el Poncho para iniciar las fascinantes pechaderas por candidaturas, cargos y fondos de campaña. El Colegio de Abogados y la Asociación de Magistrados no dijeron una palabra en diciembre, es improbable que lo hagan ahora: por entonces estaban a las puertas de la feria judicial veraniega, ahora se asiste al Mundial y se aproxima la de invierno.
Hay silencios que son muy decidores. Al parecer, a nadie con posibilidades e instrumentos para modificar las cosas le interesa la indefensión a la que un servicio de Justicia defectuoso somete a la sociedad.
Habrá excepciones, seguramente, pero ya se sabe: una golondrina –un Saracho, en este caso- no hace verano.